lunes, 12 de febrero de 2018

LUCAS - Un pestañeo que duró treinta días - Enero 28 / 2018

I am obsessed with being a mess: Un pestañeo que duró treinta días.

BY - ENERO 28, 2018
¡Hola, bombón! No sé si pensabas que te iba a dejar de escribir tan rápido pero that ain't gonna happen anytime soon. Hace dos semanas que no te cuento nada porque no solo estuve a mil sino que los días que no trabajé, no tenía ganas de sentarme a hacer esto, perdón. Pero bueno, I'm back by popular demand y listo para resumirte lo que fueron estas dos semanas.

Realmente no me acuerdo qué es lo último que te conté porque la entrada del Metro me dejó un poco perdido, pero bueno, creo qué me toca contarte que por fin fui a la Torre Eiffel.
Ah, no, pará. Ya me acordé. (Ya sé que podría borrar lo de arriba sin problemas y hacer como sino me hubiese equivocado, pero me parece que así queda un poco más real)
Antes de la Torre, el lunes 08-01-18, los del trabajo me invitaron a salir con ellos. Sí, un lunes. A los cinco nos coincidía el día de falta así que decidimos salir a tomar algo y después a cenar. Claro está que terminamos en un boliche un poco pasados en el consumo de alcohol, pero ya llego a eso, esperá un segundo. 
Nos juntamos João (portugués)Stefania (rumana), Francieli y Fernanda (brasileras) en el Hôtel De Ville, en el distrito IV, y fuimos a tomar algo no sé a dónde. La verdad es que la mayoría de las veces no sé por donde camino, simplemente voy. 
Fuimos a un bar en dónde yo me clavé dos piñas coladas, trago que amo gracias a Francieli porque no lo había probado nunca, y después a un restaurant de comida italiana. Cómo bien sabes, no soy muy tímido para comer así que pedí una lasagna. Felicito al Lucas del pasado porque mon dieu, muy rico todo, sino tuviera que pagar con un pulmón, iría diez veces más. 
Ah, me olvidé de otra cosa. Cuando estábamos en el bar, antes de ir a cenar, llegaron dos amigos más de los del trabajo; uno se llama Viktor (o Victor, ni idea) y la chica se llama Mamy Ni Aina, sino me equivoco. Igual, le decimos Mamy y así le voy a decir acá, te aviso para que no te pierdas. 

Bueno, long-story-short, despúes de cenar decidimos salir. El boliche se llama Raidd, desde ya te aviso, lo que se viene es bizarro. Por supuesto, es un boliche gay porque las salidas desviadas son diez veces más divertidas, no acepto discusión al respecto. Entre rondas de tequila financiadas por los del trabajo y cervezas, todos estábamos un poco entonados. 
Lo mejor de todo: Apenas llegamos, empezaron a pasar reggaetón, cosa que nunca hacen así que da por hecho que el argentino-ebrio alias yo, estaba perreando a más no poder. 
En eso, y esta es la parte en la que todo se pone bizarro (por no decir: Se fue todo a la mierda) suena una alarma en el boliche, sí, una alarma, se frena la música y se prende la luz de una especie de pecera que estaba encastrada en la pared. Yo le estaba dando la espalda a todo esto así que Francieli me da vuelta y me grita "Olha isso", que es básicamente "Mirá eso".

Esperá un segundo, voy a hacer un disclaimer: Madre, padre y cualquier adulto que me conozca, siga leyendo bajo su propio riesgo. 

Seguís leyendo así que te sigo contando. Todo el mundo se empieza a acumular para donde estaba la pecera y sale un chabón que claramente era del staff del boliche, en cuero. Ya ahí estaba muerto porque no podía creer que en mí primera salida parisina, hubiera terminado en un boliche donde hacen sí, exactamente, strip tease mientras se baña. Dentro de esa pecera. 
Resulta que esto pasa tres veces durante toda la noche y se va sacando cada vez más ropa. Nunca algo me pareció tan horrible, en serio. O sea, no entiendo cómo a la gente le puede gustar ver a un chabón desvistiéndose dentro de una pecera. Ni a mí ni a Stefania nos importaba lo que estaba pasando así que nos corrimos y seguimos bailando. Lo mejor de todo es que, en Indiana, Stefania me parecía re mala onda, no te habla, solo hace su trabajo y se va. Está claro que ese es su personaje profesional porque ese día conocí un lado de ella completamente distinto. 
De más está decir que esa noche quedó para la historia y más por el estado que teníamos todos. 
Ah, a todo esto, cuando estaba por cerrar el boliche, ¿viste que soy medio suicida cuando salgo? Bueno, no tenía ni una mínima idea de a cómo volverme a mi casa así que mientras le estaba hablando a Julia para ver si podía caer a su departamento y a mi hermana, por si llegaba a perderme, como soy propenso a hacer. 
Terminamos volviendo a mí departamento en uber con Mamy porque ella necesitaba hacer tiempo para volverse a su casa. La verdad que fue una muy buena noche y fue como el momento en el que nos hicimos amigos en serio, particularmente con Fernanda y Francieli. Más que todo porque Fernanda siempre se me hace la grande (y con razón, tiene 31 años) e intenta parecer seria; creo que ni me hace falta aclararte que esa careta fue perdida esa noche porque si había alguien ebrio, era ella. 

D'accord, ese fue mí lunes. Un muy buen lunes.
El martes, cuando me levanté, decidí no desperdiciar mi franco así que puse toda mi ropa a lavar y me fui a la Torre Eiffel. Ese día fui muy feliz. No sé si es porque tengo muy incorporada la idea que París es mágico o porque realmente, como te dije la vez pasada, "La Ciudad del Amor" me está enamorando, pero qué cosa linda. No podía creer que estuviera ahí, y digo "ahí" como si fuera lejos cuando en realidad ese "ahí" es mi "acá", porque estoy acá. 
No hice mucho más ese día. No subí a la Torre, no tuve ganas de subir solo, prefiero esperar, total nadie me apura. No es como si tuviera fecha de vuelta. Terminé sentadito viendo cómo  la gente se emocionaba al ver la Torre, acompañado de un creppe. Me intenté quedar hasta que se hiciera de noche así podía verla prendida pero se largó a llover, como siempre. Imaginate que estoy acá hace un mes y vi el sol cinco veces más o menos. Y no, no te estoy exagerando.

Saltamos al miércoles y como te había contado, se hace la livraison que es básicamente la reposición de stock. Así que con Khalil, mi compañero de todos los miércoles, nos la pasamos en el subsuelo acomodando cosas. Nada nuevo. Va, mentira, un nuevo traumatismo voy a tener si me sigo chocando la cabeza contra el techo del ascensor con el que bajan la mercadería. Me acuerdo que ese día conté todas las veces que me pasó y fueron ocho, ocho veces me golpeé la cabeza contra el mismo lugar. No hace falta ni que me lo digas, definitivamente el problema no es el ascensor sino que yo soy muy estúpido. Pero también tené en cuenta que toda mi concentración está en bajar el barril de cerveza para pasárselo a Khalil, que si vamos a lo lógico, yo de pedo puedo levantar esa cosa. Pero bueno. Adoro trabajar con Khalil, todos los miércoles lo conozco un poco más y es con el que más practico francés porque como es de Afganistán, se nos complica la comunicación si no es solamente en francés. 

A ver, esto ya está medio largo así que para que no se te haga muy insoportable, te hago una lista de cosas que me hayan pasado, como siempre: 

  • Ya soy un adulto-ortiva-promedio porque una de mis actividades favoritas es ir al supermercado. 
AH, NO. Pará, le pongo un stop a la lista para contarte que ya soy mozo. En realidad soy como una carta comodín porque estoy como barman y como mozo, depende del día, pero ya no estoy solamente ayudando al resto sino que tengo caja y todo. Me puso muy feliz cuando me dieron la riñonera negra donde ponemos la plata durante el servicio después de un solo día de prueba como mozo porque, si bien no hay nada más incogible (perdoname el vocabulario fino que manejo) que una riñonera, a nadie del staff actual, lo pasaron tan rápido a la caja. 
Además de la bella riñonera, te dan una llave para que uses para entrar al sistema y cargues los pedidos, así el ticket sale en la barra o en la cocina, respectivamente. Sí, te imaginás bien, me olvidé de cargar un par de pedidos en el sistema y cuando veía al cliente esperando corría a la computadora para cargarlo. ¿Lo peor? Tenemos una libreta para anotar, pero si tenía que entregar un pedido y después cargar la otra orden, olvidate, tu pedido quedará en el infinito oblivion. 
La vez que tuve la crisis también fui mozo, solo que no tenía caja, es decir que no manejaba plata, solo limpiaba mesas y repartía pedidos cuando los demás mozos no daban a basto. 

Otra cosa que te quería contar, dentro de la semana, hubo un día del mal. El sábado 20-01-18, quince minutos antes de entrar a trabajar, me llama Fernando (uno de los managers de Indiana) y me dice que ese día yo iba a trabajar en el otro restaurant. A todo esto, yo ya estaba en el Metro y no me cargaba Google Maps (a.k.a. mí dios) para saber cómo llegar a Tennesse- así se llama el otro restaurant. En eso, me tuve que bajar del Metro en una parada cualquiera, salir corriendo- que por suerte acá todo el mundo se acomoda a la derecha para que por la izquierda pueda pasar la gente apurada- y cargar la dirección. Llegué a Tennesse, ¿pero sabés qué no llegó? Mi billetera con mí D.N.I. y mis tarjetas, tanto de débito como de crédito. No, no la recuperé. Supongo que se me debe haber caído mientras corría por el Metro, quién sabe. 
Lo malo es que no solo me di cuenta apenas llegué sino que ya estaba de mal humor porque no habíamos podido juntarnos con una amiga que vino a París solo por tres días y, como si fuera poco, el manager a cargo de Tennesse es nada más y nada menos que el que me hizo llorar el día de mí crisis existencial. 
Así que bueno, cuando salí del trabajo, doce horas después (entré a las 12am y salí a las 00am, divino todo) me llega un mensaje de Julia diciéndome que la iban a operar por un incidente que tuvo con un cuchillo. Insertá acá otro mental breakdown potente, pero esta vez no llamé a mis papás todo alborotado y dramático, preferí volver tranquilo a mí casa y morir (¿já, te creíste que no iba a ser dramático?)

Ahora, vuelvo a la lista: 
  • El domingo después de Tennesse logramos juntarnos con Flor, Coti y Cande en el Arco del Triunfo y después fuimos a Five Guys a cenar. Qué manera de alegrarme la semana esas niñas y me puso muy feliz poder verlas. O sea, ponete a pensar en dónde nos encontramos, ese recuerdo definitivamente se va a quedar conmigo por mucho tiempo.
  • El sábado de Tennesse perdí 4,60€ cuando cerré mi caja pero el jueves hice 22€ de propina así que los pude reponer. Nunca estuve tan feliz. 
  • El sábado es el día temido y caótico por todos. Por supuesto mi turno empezaba a las 16h00, una hora antes de que empezara el Happy Hour. En un momento no llegaba con todo, y eso que tenía pocas mesas, así que Fernando y João me ayudaron con una mesa de doce. 
  • No me canso de decirlo, amo a mis compañeros de trabajo. 
  • Me robé una raba de un plato antes de ir a entregarlo y cuando me di vuelta, tenía a Claude (manager) atrás. Casi me da un infarto. 
  • El lunes pasado fuimos a comer comida japonesa con Francieli, Fernanda y Felipe. 
  • Estoy absoluta y completamente enamorado de los idiomas. Me faltan años para hablar francés bien e igual ya estoy pensando en aprender otro.
  • Nunca falta Francieli diciéndome "Vamos fazer alguma coisa segunda se a gente têm falta?" todos los domingos y me pone muy feliz. 
  • Hice skype con varios de mis amigos de Córdoba, los extrañaba un poquito. 

Así que bueno, eso pasó en estos veinte días que no te escribí. No sé si habrás llegado hasta acá, ojalá sí. Como podrás ver por el título, el 26-01-18 cumplí un mes acá y hoy, 28-01-18, cumplo un mes trabajando en Indiana. Se me pasó muy rápido.
La frase del título es de una canción de Ruth B. que se llama "Young" y creo que resume bastante este último mes de mi vida. "Estoy obsesionado con ser un desastre" porque no solo no tengo idea de lo que estoy haciendo sino que paso de tener saudades a estar extremadamente feliz y sin ganas de volver nunca a querer mandar todo a la mierda. Pero qué se yo, a grandes rasgos es divertido y estoy aprendiendo muchísimo, no solo en el trabajo sino en general. No te lo digo como super cliché de "Ay, me estoy conociendo a mí mismo" yo toda esa bosta optimista pero está bueno saber cómo afrontas ciertas situaciones cuando estás realmente en el medio de la nada; por ejemplo, el martes pasado terminé diciéndole al manager Jorge (el que me indujo la crisis) que no entendía cómo hacer para que algo le viniera bien y ayer sábado, que volví a trabajar en Tennesse, después del servicio, terminé tomando una cerveza con él y contándonos de nuestra vida mientras él me explicaba por qué es tan exigente al principio. 

Pero bueno, esa es mi vida. Estuve pensando en mostrarte algunas cosas que escribí mías pero no sé si te interesarán. 
Te mando un beso,

À la prochaine fois,
Lucas.

P.D.: Si ves que hay palabras a las cuales les faltan "s", es porque el teclado me anda medio mal, okay, goobye. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario