lunes, 12 de febrero de 2018

LUCAS - El Metro: Un pensamiento cliché - Enero 2018

El Metro: Un pensamiento cliché.

BY - ENERO 10, 2018
Esta vez no te vengo a contar nada, y espero no te canses de mí considerando la rapidez con la que te estuve escribiendo. 
Voy de nuevo, sí te vengo a contar algo. Pero esta vez no es una vivencia, creo, es una idea que se me cruza últimamente cada vez que me subo a cualquier Metro, sea para ir al trabajo, para volver o para ir a conocer solo la Torre Eiffel- a esto te lo dejo para la próxima. 
La cosa es así, por alguna extraña razón, una de las cosas que más me gusta y me parece muy interesante es, sí, adivinaste: El Metro. No sé si tendrá que ver el hecho de que llego a todos lados en veinte minutos y hasta cuando salgo tarde, llego a tiempo. O que no extraño para nada estar esperando cuarenta minutos el bendito ómnibus que capaz no frena, yéndose con todas mis ilusiones de volver a casa. Bueno, está bien, te acepto que esto puede sumar un poco considerando que me salva de llegar tarde al trabajo y junto con eso, me aleja de cualquier posible reto, pero no voy a eso. 
No puedo creer lo mucho que divago, aún teniendo la oportunidad de decidir sin problemas qué te escribo y que no, supongo que así estas entradas quedan más ¿crudas? ¿Espontáneas? 

D'accord, ahora sí. 
No sé si tiene que ver que sea un recién llegado y que "La ciudad del amor" me esté seduciendo o qué, pero entrar al Metro es entrar básicamente a otra ciudad. Como si hubiera dos París (¿O sería Paríses?), uno arriba y otro abajo. Pero no solo eso, supongo que sabes cómo funciona el Metro pero por las dudas te explico un poco: Apenas bajas las escaleras de tu parada, pasas la Navigo- que es la tarjeta que se usa para pagar el ticket- o un ticket normal que lo escanea una máquina y te lo devuelve antes de que entres en caso que suba algún control. Así que, si venís (ojalá sí), no intentes pasar sin pagar. 
Bueno, resulta que una parte de mí se espanta, particularmente a la mañana, cuando veo a toda la gente- y me incluyo en el colectivo- caminando como zombie yendo (tal vez) a trabajar, o a lo que sea. Y justamente por esto me gusta tanto.
La cosa es así, no sé por qué razón en Córdoba nunca me puse a pensar en qué hará la gente de su vida o por qué tienen cara triste, cansada o feliz. Capaz sea por la forma en que están organizados los vagones. No son filas de asientos todas mirando para el mismo lado. Wait, primero que nada, hay más espacio para estar parado que para sentarse, pero, y esto sí viene a colación de lo que te estoy intentando contar desde que empecé, los asientos están enfrentados. Si te llegas a sentar, cosa que hasta ahora puse hacer siempre, tenés una persona al frente. 
Seguro estás pensando que soy un ridículo pero eso no quita que empiece a imaginarme qué hace esa persona de su vida, o qué le pasó ese día. El otro día, por ejemplo, al frente mío estaba una chica con una cara en la que se le notaba la tristeza a kilómetros de distancia. Mientras que, al lado de ella, enfrentado a mí, también, estaba un chico mandando lo que parecía ser un audio riéndose en un idioma que no conozco. Porque sí, en el Metro escuché más idiomas que en toda mi corta vida.
Puede ser que exagere, puede ser que sea porque el Metro es mi momento de paz, de tristeza, de felicidad, de pensar en mí día- siempre acompañado de música, como bien podes imaginar- pero también me di cuenta que desde que tengo a una persona sentada al frente mío, me intriga mucho saber qué le pasa. ¿Por qué está triste o feliz? - Ese señor está leyendo su libro tan concentrado que tal vez ni cuenta se da que no estamos moviendo, ¿de qué tratará? - La chica que tengo al frente, ¿estará triste por lo mismo que yo el otro día? ¿También acompaña sus pensamientos con música o está tan pendiente de otra cosa que ignora completamente el sonido de sus auriculares?

Tengo miedo que, al contarte esto, creas que estoy loco. Cuando está condensado en pocas palabras, pareciera que lo hago todo el tiempo y que estoy pendiente de todas las personas, dejame aclararte que no. Solo que realmente creo que, cuando tenés una persona al frente, y más siendo siempre alguien diferente mínimo tres veces al día, algún pensamiento delirante sobre su vida se te viene a la mente; es como que tu cerebro intenta conectarse de una forma diferente. Obvio que el ser que tengo al frente ni sabe que existo, y probablemente él o ella también caiga en mí oblivion quince minutos después de que baje del Metro, pero de nuevo, no sé si es porque este lugar me está enamorando de a poco, por la forma en la que están puestos lo asientos, o porque extraño y ya rozo el delirio pero... Qué interesante que son las personas. Si seguís leyendo, intentá imaginártelo un segundo. Somos infinitos (gracias, Stephen Chbosky) porque ni nosotros podemos pensar en todo lo que podemos pensar, si es que tiene algún sentido esta oración. 

Pero bueno, ahora sí te dejo. Puede ser que esto te parezca un bodrio o que particularmente esta entrada no tenga ningún sentido pero quería intentar explicártelo de alguna manera. Ya supongo que la próxima voy a volver a contarte mis vivencias como las veces anteriores, quién sabe.

Te mando un beso a la distancia, un pedazo de una canción que viene estando presente cada vez que voy al Metro (y me recuerda mucho a vos) y un pedacito de mi libro preferido, decidí por qué: 

"And thay's where I am,
silent in the trees.
Why won't you speak,
where I happen to be?
Silent in the trees,
standing cowardly." 
- Trees, Twenty One Pilots. 

“And I thought about how many people have loved those songs. And how many people got through a lot of bad times because of those songs. And how many people enjoyed good times with those songs. And how much those songs really mean. I think it would be great to have written one of those songs. I bet if I wrote one of them, I would be very proud. I hope the people who wrote those songs are happy. I hope they feel it's enough. I really do because they've made me happy. And I'm only one person.” 

À la prochaine fois,
Lucas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario