lunes, 12 de febrero de 2018

LUCAS - Crisis - Enero 2018

I Almost Do: Crisis.

BY - ENERO 08, 2018
Allô, allô. El solo hecho de estar escribiéndote de nuevo y que esto no haya muerto después del primer intento, me sorprende bastante. Justo se da que termina mi segunda semana acá, y que pasó una semana desde la primera publicación, pero no lo tomes como algo rutinario, por favor, ya sabes que no soy muy bueno cumpliendo lapsos de tiempo. Es solo una coincidencia, pasaron mucha cosas en estos últimos siete días y conociéndome, sabes que si empiezo a acumular los momentos, lo más probable es que me los olvide o pierdan esa magia de recordarlos como la primera vez. 

Tampoco decido si quiero nombrar todas las entradas como canciones. Sabes bien que tengo un cerebro muy fantasioso y tiendo a relacionar cada momento de mi vida con una canción. En este caso lo voy a hacer, y ya vas a entender el por qué del título de esta, pero no te prometo nada para las próximas porque ni yo sé. 

¿Ya te aburrí? Empiezo, entonces. 
La última cosa que te conté fue Año Nuevo y cómo todo estaba bien aún cuando no hice nada y estuve solo. No te mentí pero esa felicidad se fue bastante lejos el martes. Se da por comenzado el período de crisis, damas y caballeros y personas no binarias. 
Todos los domingos está disponible el planning semanal del personal y, el martes 02-01-18, entré a las 13h00 a trabajar. De entrada había algo raro, yo no estaba en la columna de los barman.
Te explico, el planning está dividido en tres columnas, "Mañana" (Mozos/as), "Noche" (Mozos/as) y "Barman" con los horarios de cada uno y qué manager estará en cada horario. Hay cuatro, Alain, Jorge, Claude y Fernando. 
Hasta entonces, siempre había estado en la barra pero ese martes no. Empezaba al mediodía con Jorge, manager que no había tenido el gusto de conocer todavía. Ni bien llego a Indiana (así se llama el restaurant donde trabajo, no me acuerdo si ya te lo dije), almuerzo y después me piden que empiece a acomodar las mesas, que ese día yo sería mozo. Obviamente lo primero que se me vino a la cabeza fue "Listo, hoy es el día en el que hago el ridículo con la bandeja". Aunque, siéndote sincero, el vocabulario de mi cabeza fue un poco más parecido a "Seguro me caigo y hago todo ocote", pero por el bien de la diplomacia y de mi personaje virtual, quedate con la primera. 
Limpié las mesas, las acomodé según si eran para comer o tomar- porque cambia la forma de poner los menús para una y para la otra- y bajé a preguntarle al manager qué más hacer. 
Yo iba ser quien se encargara de llevar pedidos, liberar las mesas y re-acomodarlas para nuevos clientes en todas las zonas. Al principio todo estaba bien, y después empezó el happy hour. Una cosa que aprendí, el happy hour no tiene nada de "happy" para el personal. Es un caos. Durante estas tres hermosas horas- espero notes lo irónico del calificativo, por favor- nadie da a basto. Ni los mozos, ni la gente de la barra. Imaginte yo que, como bien me viste en varios momentos, soy Mr. Bruto y rompo vajillas todo el tiempo. Sumándole a esto, yo no tenía una zona asignada, mi zona era todo el lugar. Mesa que veía libre, mesa que tenía que liberar, llevar los platos a la cocina, limpiar y acomodar con sus respectivas cartas.
Sí, estás pensándolo bien. Dejé mi status de humano para convertirme en stress puro. No porque fuera difícil lo que tenía que hacer sino porque lo quería hacer bien y nadie estaba de humor para soportar la lentitud del nuevo. En eso, llega la dueña del restaurant en pleno servicio y, como los mozos no alcanzaban a tomar toda las ordenes, me pidieron que los ayude. Libretita y lapicera en mano, listo para encarar una mesa- mientras que en mi cabeza le rogaba a todo los astros que los clientes me hablaran despacio para no tomar mal el pedido- y me frena la dueña. No me preguntes el nombre porque no lo sé pero la amable señorita me dijo una frase en francés (por supuesto) que iba más o menos así: "Yo sé que los nuevos siempre son inútiles porque no entienden nada pero cualquier cosa le pedís que te muestren en la carta, ¿está claro?" Por favor, relee esa frase con el tono menos amistoso que tengas en tu cabeza y un volumen que rozaba al grito. 
Si ya la estaba pasando mal, ahora estaba listo para irme. ¿La mejor parte? Ya eran las 20h40 y, en teoría, mi horario terminaba a las 21h00. Solamente me repetía a mí mismo una y otra vez: "Dale, te quedan veinte minutos así que tenés que terminar bien". No tuve ningún problema con los pedidos, la mayoría de los clientes fueron muy simpáticos y me mostraban en la carta sin problemas, otros bueno, ojalá le haya caído mal la comida. 
El tiempo siguió pasando y se hicieron las 22h00. Ya no daba más pero siempre los managers te dicen cuando te podes ir y yo no tenía ni idea que los mozos trabajan más horas que la gente de la barra, cosa que me enteré ese día. 
Así que tuve que seguir no más, y venía demasiado bien así que ¿pasó algo malo? Por supuesto. Camille, una de las mozas (que adoro, es divina) me pidió ayuda para llevar los pedidos a una mesa de doce en el primer piso. Seguramente estás pensando que me caí mientras subía las escaleras o algo por estilo pero no, sobreviví y mi cerebro dramático se auto-proclamó un mártir viviente. Plot-twist: Canté victoria muy rápido. Acto seguido, dejo la bandeja en una mesa vacía para empezar a repartir los pedidos y empujo un cuchillo. Sí, tiré un cuchillo de piso a piso, justo donde había una mesa con niños. Como bien tenés claro, tengo un talento innato para lavarme las manos e hice como sino hubiera pasado nada pero claramente no salió bien. Subió una clienta indignada (Camille por suerte ya había bajado) y empieza a gritar quién había sido semejante inconsciente que tiró un cuchillo a su mesa. Me acerqué y le dije que me tropecé con la bandeja- lo cual no es totalmente cierto pero suena menos estúpido que decirle la otra versión-, que me disculpe pero que había sido un error mío. La mujer se tranquilizó y por suerte no fue a decirle nada a Alain, uno de los otros managers, Jorge ya se había ido. 
Ya eran la 23h00 y entre el cansancio, el stress y lo gritos, estaba más que listo para llorar en pleno servicio. 
Seguí limpiando mesas y cuando se hicieron las 23h15, me acerqué al manager y le dije que al otro día trabajaba a las 08h00- lo cual es cierto, estaba en el planning. Me pidió que me quedara hasta las y media y que me fuera, se ve que se me notaba en la cara lo mal que la estaba pasando así que me dijo: "Estás trabajando muy bien, tranquilo y seguí así". Creo que tenés bastante claro que me es imposible controlar mis caras, y ese día no fue ninguna excepción. Me empecé a desesperar y terminé saliendo de trabajar cinco minutos antes porque Alain vio que estaba por llorar. 
Apenas salí del trabajo les hablé a las dos personas que más me tranquilizan. Mi mamá siempre tiene una mirada más emocional y mi papá una más racional, y las dos me vinieron más que bien. 
Sí, terminé llorando por las calles de Bastilla mientras hablaba con mi mamá por el día de mierda que había tenido. Probablemente a una persona normal no le parece tan malo, y sé que me sobra lo dramático pero así lo sentí yo. Terminé contándole todo mi día, que extrañaba a mis amigos y que me daba un "Ay, quiero estar con ellos" cada vez que suben una foto en su viaje de egresados. Que sonrío como una tía orgullosa cuando veo un video de ellos o algo por el estilo. 
Más tarde hablé con mi papá y me hizo dar cuenta que no era el fin del mundo y que no tire todo por la borda en un segundo. Por eso el título de la entrada, "I Almost Do", (sí, segunda entrada consecutiva que tienen nombres de canciones de Taylor Swift, no me juzgues) significa: "Casi lo hago". No te lo tomes tan literal, no iba a renunciar ni nada por el estilo pero hubo en un momento en el que me replanteé el viaje. Sí, a la semana de haber venido. El calificativo de "demente" o "exagerado" me viene como anillo al dedo. 
En fin, todo eso fue mi bello día martes. Y por suerte acá termina la parte fea de la semana- si bien tuve otro problema en el trabajo que no te voy a contar hasta que sepa bien qué pasó. 
El miércoles entré a las 08h00 y trabajé con Khail. Resulta ser que todos los miércoles se hace la reposición de inventario así que pasamos la mayoría del tiempo acomodando las cosas en los depósitos. Nos hicimos bastante amigos con Khail. Antes pensaba que él era medio seco pero resultó ser todo lo contrario. Le empecé a enseñar expresiones en español- todavía no pasamos del "Buenos días, ¿cómo estás?, pero seguimos intentando- porque él quiere trabajar en España en algún momento de su vida. Por supuesto, no me quería quedar atrás y me enseñó un par de cosas en afgano. "Buenos días" se pronuncia algo como "Asaralam-maleikum", todavía tengo su risa grabada porque no le pegué a una. ¿Lo mejor? Entre varios intentos, le pedí que me lo escriba para poder aprenderlo más fácil, el imprevisto fue que ninguno de los do tuvo en cuenta que él usa otro alfabeto. Tengo el papel donde me lo escribió porque me parece un lindo recuerdo, te diría que le voy a sacar una foto pero la semana pasada te dije lo mismo y nunca lo hice. 
Después de todo la reposición del inventario, subimos, almorzamos y estuvimos en la barra preparando toda la mise en place para el Happy Hour. Fue un día muy tranquilo así que salí feliz del trabajo, a diferencia del día anterior. 
Y llegó el jueves. No me acuerdo si te conté pero a mí no me gustó mi primer departamento y el sábado fui a conocer otro en Marie D'Ivry. Está fuera de París, bastante más lejos que el anterior pero tengo la puerta del Metro al frente del departamento.
Ese mismo día conocí a Dimitrij, un italiano que se convertiría en mi actual flatmate. No dudé en mudarme apenas lo conocí, es super simpático, pegamos onda rápido y es DJ. Como todavía no hablo bien francés- y me falta mucho para hacerlo- hablamos en inglés así que sí, seguimos con eso de hablar los cuatro idiomas a la vez, pero todos los días lo disfruto un poco más. 
Ese mismo jueves, con la ayuda de Julia, me mudé y ahora te escribo desde el living del departamento. Me encanta, estoy muchísimo más cómodo que en el anterior. Tengo mi propio cuarto y ya me siento tan en mí lugar, que las valijas ya están todas desarmadas. Vine para quedarme. 
Lo único malo es que Dimitrij y yo tenemos los horarios de trabajo opuestos, él generalmente mañana-tarde y yo tarde-noche así que nos vemos poco, pero bueno, c'est la vie. 
La semana siguió y anoche, domingo 07-01-18, trabaje solo con Fancieli. No, al final no se llama Francilia, te lo dije mal la semana pasada porque en el planning está mal escrito. Me encanta trabajar con ella, aprendo mucho y me viene bien practicar mi portugués; tenía miedo de perderlo pero todavía lo sigo teniendo, por suerte.
Nos llevamos tan bien que me invitó a salir con ella, Fernanda y João, que también trabajan con nosotros, a Châtelet. Supongo que la próxima que te escriba, te voy a poder contar a dónde me llevaron y qué terminamos haciendo. Ah, me olvidé de decirte: Tengo dos francos por semana y esta vez los tengo hoy (lunes) y mañana (martes).

No me puedo ir sin dejarte una mini-lista de highlights de mi semana:
  • Bajé a la Cámara de Frío del restaurant a buscar unas Tigers (creo que son cervezas, ni idea, la verdad) y como no podía abrirla, llamé a uno de los managers ¿Sabés por qué no podía abrir la Cámara? Porque nunca giré el picaporte. 
  • Me enteré que tengo postre con todas las comidas del trabajo; quiero pelear con el Lucas del pasado por dejar pasar tantos postres. 
  • Me pagaron los días de prueba. 
  • Pude hacer video-llamada con dos amigas un ratito hasta que no anduvo más el internet, pero aunque sea les pude ver la cara.
  • ¡Ah! Me olvidaba, oficialmente firmé mi CDI, así que ya tengo trabajo en serio.
  • También casi me olvido, este punteo está lejos de tener un orden cronológico. El viernes terminamos tomando dos Piñas Coladas con Francieli en pleno servicio. Al trabajo hay que tomárselo con seriedad, obviamente. (Relee la palabra resaltada)

Eso es todo, por ahora. Sigo sin saber si estás leyendo esto pero tal vez ni sepas quién sos, ojalá sí. Y si efectivamente estás leyendo, ojalá lo sigas haciendo. Supongo que en algún momento te vas a dar cuenta de que sos vos. Te dejo un abrazo gigante.

À la prochaine fois,
Lucas.
PD: Muchas personas me hablaron para saber quién sos, todavía nadie te adivinó ni creo que vayan a hacerlo. Ahora sí, au revoir. 

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