lunes, 12 de febrero de 2018

FLORENCIA - Carta abierta N1 - Facebook 08/02/2018

Carta abierta a mi familia (y a quién quiera leer):
Hoy hacen 30 días crucé el charco y empecé algo que nunca pensé que podía hacer.
El 10 de enero me fui de mi casa con un miedo que no había sentido nunca, miedo a lo desconocido, a lo nuevo, al desarraigo, a extrañar, a todo un poco.
Hoy, 8 de febrero según mi zona horaria, puedo decir que fue la mejor decisión que tomé en mi vida y que recién empieza, que nunca estuve tan feliz y segura de algo en mis cortos 21 años.
Esto que estoy haciendo, desde el primer momento estuvo impulsado por ellos, mis viejos, esos que me dijeron que me sacara los miedos, que eran felices de darme semejante posibilidad y que no se imaginan lo agradecida que estoy. Ellos que son de las personas que más me importan en el mundo y que, aun que cueste aceptarlo, de a poco me doy cuenta lo mucho que nos parecemos y diferenciamos. Que tuvieron un año jodido (así como nosotros), raro, desacomodado, o lo que fuera, y que sin embargo nos dieron la libertad de literalmente volar al otro lado del mundo sin ningún sentimiento egoísta de su parte.
A ellos los amo, con todo mi corazón, los extraño poquito (realmente estoy muy feliz), y más allá de los reclamos habidos en el último tiempo quiero y necesito que sean felices de la manera que elijan, como les salga.
El otro punto de la cuestión viene a ser el mini adulto de 19 años que tengo por hermano. Más que decirte que te amo y que estoy totalmente orgullosa de lo que sos como ser humano no puedo. Tenes unos huevos de oro por haberte ido solo, a hacer lo que queres, o averiguarlo, o lo que fuera, no puedo parar de contarle a la gente lo que estás haciendo súper asombrada y con el pecho inflado.
Así que eso es todo lo que tengo para decir, los amo, infinitamente y esta es mi manera de agradecerles y “rendirles tributo”.

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo, personas de pie y exterior
La imagen puede contener: 4 personas, personas sonriendo, personas de pie

LUCAS - Un pestañeo que duró treinta días - Enero 28 / 2018

I am obsessed with being a mess: Un pestañeo que duró treinta días.

BY - ENERO 28, 2018
¡Hola, bombón! No sé si pensabas que te iba a dejar de escribir tan rápido pero that ain't gonna happen anytime soon. Hace dos semanas que no te cuento nada porque no solo estuve a mil sino que los días que no trabajé, no tenía ganas de sentarme a hacer esto, perdón. Pero bueno, I'm back by popular demand y listo para resumirte lo que fueron estas dos semanas.

Realmente no me acuerdo qué es lo último que te conté porque la entrada del Metro me dejó un poco perdido, pero bueno, creo qué me toca contarte que por fin fui a la Torre Eiffel.
Ah, no, pará. Ya me acordé. (Ya sé que podría borrar lo de arriba sin problemas y hacer como sino me hubiese equivocado, pero me parece que así queda un poco más real)
Antes de la Torre, el lunes 08-01-18, los del trabajo me invitaron a salir con ellos. Sí, un lunes. A los cinco nos coincidía el día de falta así que decidimos salir a tomar algo y después a cenar. Claro está que terminamos en un boliche un poco pasados en el consumo de alcohol, pero ya llego a eso, esperá un segundo. 
Nos juntamos João (portugués)Stefania (rumana), Francieli y Fernanda (brasileras) en el Hôtel De Ville, en el distrito IV, y fuimos a tomar algo no sé a dónde. La verdad es que la mayoría de las veces no sé por donde camino, simplemente voy. 
Fuimos a un bar en dónde yo me clavé dos piñas coladas, trago que amo gracias a Francieli porque no lo había probado nunca, y después a un restaurant de comida italiana. Cómo bien sabes, no soy muy tímido para comer así que pedí una lasagna. Felicito al Lucas del pasado porque mon dieu, muy rico todo, sino tuviera que pagar con un pulmón, iría diez veces más. 
Ah, me olvidé de otra cosa. Cuando estábamos en el bar, antes de ir a cenar, llegaron dos amigos más de los del trabajo; uno se llama Viktor (o Victor, ni idea) y la chica se llama Mamy Ni Aina, sino me equivoco. Igual, le decimos Mamy y así le voy a decir acá, te aviso para que no te pierdas. 

Bueno, long-story-short, despúes de cenar decidimos salir. El boliche se llama Raidd, desde ya te aviso, lo que se viene es bizarro. Por supuesto, es un boliche gay porque las salidas desviadas son diez veces más divertidas, no acepto discusión al respecto. Entre rondas de tequila financiadas por los del trabajo y cervezas, todos estábamos un poco entonados. 
Lo mejor de todo: Apenas llegamos, empezaron a pasar reggaetón, cosa que nunca hacen así que da por hecho que el argentino-ebrio alias yo, estaba perreando a más no poder. 
En eso, y esta es la parte en la que todo se pone bizarro (por no decir: Se fue todo a la mierda) suena una alarma en el boliche, sí, una alarma, se frena la música y se prende la luz de una especie de pecera que estaba encastrada en la pared. Yo le estaba dando la espalda a todo esto así que Francieli me da vuelta y me grita "Olha isso", que es básicamente "Mirá eso".

Esperá un segundo, voy a hacer un disclaimer: Madre, padre y cualquier adulto que me conozca, siga leyendo bajo su propio riesgo. 

Seguís leyendo así que te sigo contando. Todo el mundo se empieza a acumular para donde estaba la pecera y sale un chabón que claramente era del staff del boliche, en cuero. Ya ahí estaba muerto porque no podía creer que en mí primera salida parisina, hubiera terminado en un boliche donde hacen sí, exactamente, strip tease mientras se baña. Dentro de esa pecera. 
Resulta que esto pasa tres veces durante toda la noche y se va sacando cada vez más ropa. Nunca algo me pareció tan horrible, en serio. O sea, no entiendo cómo a la gente le puede gustar ver a un chabón desvistiéndose dentro de una pecera. Ni a mí ni a Stefania nos importaba lo que estaba pasando así que nos corrimos y seguimos bailando. Lo mejor de todo es que, en Indiana, Stefania me parecía re mala onda, no te habla, solo hace su trabajo y se va. Está claro que ese es su personaje profesional porque ese día conocí un lado de ella completamente distinto. 
De más está decir que esa noche quedó para la historia y más por el estado que teníamos todos. 
Ah, a todo esto, cuando estaba por cerrar el boliche, ¿viste que soy medio suicida cuando salgo? Bueno, no tenía ni una mínima idea de a cómo volverme a mi casa así que mientras le estaba hablando a Julia para ver si podía caer a su departamento y a mi hermana, por si llegaba a perderme, como soy propenso a hacer. 
Terminamos volviendo a mí departamento en uber con Mamy porque ella necesitaba hacer tiempo para volverse a su casa. La verdad que fue una muy buena noche y fue como el momento en el que nos hicimos amigos en serio, particularmente con Fernanda y Francieli. Más que todo porque Fernanda siempre se me hace la grande (y con razón, tiene 31 años) e intenta parecer seria; creo que ni me hace falta aclararte que esa careta fue perdida esa noche porque si había alguien ebrio, era ella. 

D'accord, ese fue mí lunes. Un muy buen lunes.
El martes, cuando me levanté, decidí no desperdiciar mi franco así que puse toda mi ropa a lavar y me fui a la Torre Eiffel. Ese día fui muy feliz. No sé si es porque tengo muy incorporada la idea que París es mágico o porque realmente, como te dije la vez pasada, "La Ciudad del Amor" me está enamorando, pero qué cosa linda. No podía creer que estuviera ahí, y digo "ahí" como si fuera lejos cuando en realidad ese "ahí" es mi "acá", porque estoy acá. 
No hice mucho más ese día. No subí a la Torre, no tuve ganas de subir solo, prefiero esperar, total nadie me apura. No es como si tuviera fecha de vuelta. Terminé sentadito viendo cómo  la gente se emocionaba al ver la Torre, acompañado de un creppe. Me intenté quedar hasta que se hiciera de noche así podía verla prendida pero se largó a llover, como siempre. Imaginate que estoy acá hace un mes y vi el sol cinco veces más o menos. Y no, no te estoy exagerando.

Saltamos al miércoles y como te había contado, se hace la livraison que es básicamente la reposición de stock. Así que con Khalil, mi compañero de todos los miércoles, nos la pasamos en el subsuelo acomodando cosas. Nada nuevo. Va, mentira, un nuevo traumatismo voy a tener si me sigo chocando la cabeza contra el techo del ascensor con el que bajan la mercadería. Me acuerdo que ese día conté todas las veces que me pasó y fueron ocho, ocho veces me golpeé la cabeza contra el mismo lugar. No hace falta ni que me lo digas, definitivamente el problema no es el ascensor sino que yo soy muy estúpido. Pero también tené en cuenta que toda mi concentración está en bajar el barril de cerveza para pasárselo a Khalil, que si vamos a lo lógico, yo de pedo puedo levantar esa cosa. Pero bueno. Adoro trabajar con Khalil, todos los miércoles lo conozco un poco más y es con el que más practico francés porque como es de Afganistán, se nos complica la comunicación si no es solamente en francés. 

A ver, esto ya está medio largo así que para que no se te haga muy insoportable, te hago una lista de cosas que me hayan pasado, como siempre: 

  • Ya soy un adulto-ortiva-promedio porque una de mis actividades favoritas es ir al supermercado. 
AH, NO. Pará, le pongo un stop a la lista para contarte que ya soy mozo. En realidad soy como una carta comodín porque estoy como barman y como mozo, depende del día, pero ya no estoy solamente ayudando al resto sino que tengo caja y todo. Me puso muy feliz cuando me dieron la riñonera negra donde ponemos la plata durante el servicio después de un solo día de prueba como mozo porque, si bien no hay nada más incogible (perdoname el vocabulario fino que manejo) que una riñonera, a nadie del staff actual, lo pasaron tan rápido a la caja. 
Además de la bella riñonera, te dan una llave para que uses para entrar al sistema y cargues los pedidos, así el ticket sale en la barra o en la cocina, respectivamente. Sí, te imaginás bien, me olvidé de cargar un par de pedidos en el sistema y cuando veía al cliente esperando corría a la computadora para cargarlo. ¿Lo peor? Tenemos una libreta para anotar, pero si tenía que entregar un pedido y después cargar la otra orden, olvidate, tu pedido quedará en el infinito oblivion. 
La vez que tuve la crisis también fui mozo, solo que no tenía caja, es decir que no manejaba plata, solo limpiaba mesas y repartía pedidos cuando los demás mozos no daban a basto. 

Otra cosa que te quería contar, dentro de la semana, hubo un día del mal. El sábado 20-01-18, quince minutos antes de entrar a trabajar, me llama Fernando (uno de los managers de Indiana) y me dice que ese día yo iba a trabajar en el otro restaurant. A todo esto, yo ya estaba en el Metro y no me cargaba Google Maps (a.k.a. mí dios) para saber cómo llegar a Tennesse- así se llama el otro restaurant. En eso, me tuve que bajar del Metro en una parada cualquiera, salir corriendo- que por suerte acá todo el mundo se acomoda a la derecha para que por la izquierda pueda pasar la gente apurada- y cargar la dirección. Llegué a Tennesse, ¿pero sabés qué no llegó? Mi billetera con mí D.N.I. y mis tarjetas, tanto de débito como de crédito. No, no la recuperé. Supongo que se me debe haber caído mientras corría por el Metro, quién sabe. 
Lo malo es que no solo me di cuenta apenas llegué sino que ya estaba de mal humor porque no habíamos podido juntarnos con una amiga que vino a París solo por tres días y, como si fuera poco, el manager a cargo de Tennesse es nada más y nada menos que el que me hizo llorar el día de mí crisis existencial. 
Así que bueno, cuando salí del trabajo, doce horas después (entré a las 12am y salí a las 00am, divino todo) me llega un mensaje de Julia diciéndome que la iban a operar por un incidente que tuvo con un cuchillo. Insertá acá otro mental breakdown potente, pero esta vez no llamé a mis papás todo alborotado y dramático, preferí volver tranquilo a mí casa y morir (¿já, te creíste que no iba a ser dramático?)

Ahora, vuelvo a la lista: 
  • El domingo después de Tennesse logramos juntarnos con Flor, Coti y Cande en el Arco del Triunfo y después fuimos a Five Guys a cenar. Qué manera de alegrarme la semana esas niñas y me puso muy feliz poder verlas. O sea, ponete a pensar en dónde nos encontramos, ese recuerdo definitivamente se va a quedar conmigo por mucho tiempo.
  • El sábado de Tennesse perdí 4,60€ cuando cerré mi caja pero el jueves hice 22€ de propina así que los pude reponer. Nunca estuve tan feliz. 
  • El sábado es el día temido y caótico por todos. Por supuesto mi turno empezaba a las 16h00, una hora antes de que empezara el Happy Hour. En un momento no llegaba con todo, y eso que tenía pocas mesas, así que Fernando y João me ayudaron con una mesa de doce. 
  • No me canso de decirlo, amo a mis compañeros de trabajo. 
  • Me robé una raba de un plato antes de ir a entregarlo y cuando me di vuelta, tenía a Claude (manager) atrás. Casi me da un infarto. 
  • El lunes pasado fuimos a comer comida japonesa con Francieli, Fernanda y Felipe. 
  • Estoy absoluta y completamente enamorado de los idiomas. Me faltan años para hablar francés bien e igual ya estoy pensando en aprender otro.
  • Nunca falta Francieli diciéndome "Vamos fazer alguma coisa segunda se a gente têm falta?" todos los domingos y me pone muy feliz. 
  • Hice skype con varios de mis amigos de Córdoba, los extrañaba un poquito. 

Así que bueno, eso pasó en estos veinte días que no te escribí. No sé si habrás llegado hasta acá, ojalá sí. Como podrás ver por el título, el 26-01-18 cumplí un mes acá y hoy, 28-01-18, cumplo un mes trabajando en Indiana. Se me pasó muy rápido.
La frase del título es de una canción de Ruth B. que se llama "Young" y creo que resume bastante este último mes de mi vida. "Estoy obsesionado con ser un desastre" porque no solo no tengo idea de lo que estoy haciendo sino que paso de tener saudades a estar extremadamente feliz y sin ganas de volver nunca a querer mandar todo a la mierda. Pero qué se yo, a grandes rasgos es divertido y estoy aprendiendo muchísimo, no solo en el trabajo sino en general. No te lo digo como super cliché de "Ay, me estoy conociendo a mí mismo" yo toda esa bosta optimista pero está bueno saber cómo afrontas ciertas situaciones cuando estás realmente en el medio de la nada; por ejemplo, el martes pasado terminé diciéndole al manager Jorge (el que me indujo la crisis) que no entendía cómo hacer para que algo le viniera bien y ayer sábado, que volví a trabajar en Tennesse, después del servicio, terminé tomando una cerveza con él y contándonos de nuestra vida mientras él me explicaba por qué es tan exigente al principio. 

Pero bueno, esa es mi vida. Estuve pensando en mostrarte algunas cosas que escribí mías pero no sé si te interesarán. 
Te mando un beso,

À la prochaine fois,
Lucas.

P.D.: Si ves que hay palabras a las cuales les faltan "s", es porque el teclado me anda medio mal, okay, goobye. 

LUCAS - Crisis - Enero 2018

I Almost Do: Crisis.

BY - ENERO 08, 2018
Allô, allô. El solo hecho de estar escribiéndote de nuevo y que esto no haya muerto después del primer intento, me sorprende bastante. Justo se da que termina mi segunda semana acá, y que pasó una semana desde la primera publicación, pero no lo tomes como algo rutinario, por favor, ya sabes que no soy muy bueno cumpliendo lapsos de tiempo. Es solo una coincidencia, pasaron mucha cosas en estos últimos siete días y conociéndome, sabes que si empiezo a acumular los momentos, lo más probable es que me los olvide o pierdan esa magia de recordarlos como la primera vez. 

Tampoco decido si quiero nombrar todas las entradas como canciones. Sabes bien que tengo un cerebro muy fantasioso y tiendo a relacionar cada momento de mi vida con una canción. En este caso lo voy a hacer, y ya vas a entender el por qué del título de esta, pero no te prometo nada para las próximas porque ni yo sé. 

¿Ya te aburrí? Empiezo, entonces. 
La última cosa que te conté fue Año Nuevo y cómo todo estaba bien aún cuando no hice nada y estuve solo. No te mentí pero esa felicidad se fue bastante lejos el martes. Se da por comenzado el período de crisis, damas y caballeros y personas no binarias. 
Todos los domingos está disponible el planning semanal del personal y, el martes 02-01-18, entré a las 13h00 a trabajar. De entrada había algo raro, yo no estaba en la columna de los barman.
Te explico, el planning está dividido en tres columnas, "Mañana" (Mozos/as), "Noche" (Mozos/as) y "Barman" con los horarios de cada uno y qué manager estará en cada horario. Hay cuatro, Alain, Jorge, Claude y Fernando. 
Hasta entonces, siempre había estado en la barra pero ese martes no. Empezaba al mediodía con Jorge, manager que no había tenido el gusto de conocer todavía. Ni bien llego a Indiana (así se llama el restaurant donde trabajo, no me acuerdo si ya te lo dije), almuerzo y después me piden que empiece a acomodar las mesas, que ese día yo sería mozo. Obviamente lo primero que se me vino a la cabeza fue "Listo, hoy es el día en el que hago el ridículo con la bandeja". Aunque, siéndote sincero, el vocabulario de mi cabeza fue un poco más parecido a "Seguro me caigo y hago todo ocote", pero por el bien de la diplomacia y de mi personaje virtual, quedate con la primera. 
Limpié las mesas, las acomodé según si eran para comer o tomar- porque cambia la forma de poner los menús para una y para la otra- y bajé a preguntarle al manager qué más hacer. 
Yo iba ser quien se encargara de llevar pedidos, liberar las mesas y re-acomodarlas para nuevos clientes en todas las zonas. Al principio todo estaba bien, y después empezó el happy hour. Una cosa que aprendí, el happy hour no tiene nada de "happy" para el personal. Es un caos. Durante estas tres hermosas horas- espero notes lo irónico del calificativo, por favor- nadie da a basto. Ni los mozos, ni la gente de la barra. Imaginte yo que, como bien me viste en varios momentos, soy Mr. Bruto y rompo vajillas todo el tiempo. Sumándole a esto, yo no tenía una zona asignada, mi zona era todo el lugar. Mesa que veía libre, mesa que tenía que liberar, llevar los platos a la cocina, limpiar y acomodar con sus respectivas cartas.
Sí, estás pensándolo bien. Dejé mi status de humano para convertirme en stress puro. No porque fuera difícil lo que tenía que hacer sino porque lo quería hacer bien y nadie estaba de humor para soportar la lentitud del nuevo. En eso, llega la dueña del restaurant en pleno servicio y, como los mozos no alcanzaban a tomar toda las ordenes, me pidieron que los ayude. Libretita y lapicera en mano, listo para encarar una mesa- mientras que en mi cabeza le rogaba a todo los astros que los clientes me hablaran despacio para no tomar mal el pedido- y me frena la dueña. No me preguntes el nombre porque no lo sé pero la amable señorita me dijo una frase en francés (por supuesto) que iba más o menos así: "Yo sé que los nuevos siempre son inútiles porque no entienden nada pero cualquier cosa le pedís que te muestren en la carta, ¿está claro?" Por favor, relee esa frase con el tono menos amistoso que tengas en tu cabeza y un volumen que rozaba al grito. 
Si ya la estaba pasando mal, ahora estaba listo para irme. ¿La mejor parte? Ya eran las 20h40 y, en teoría, mi horario terminaba a las 21h00. Solamente me repetía a mí mismo una y otra vez: "Dale, te quedan veinte minutos así que tenés que terminar bien". No tuve ningún problema con los pedidos, la mayoría de los clientes fueron muy simpáticos y me mostraban en la carta sin problemas, otros bueno, ojalá le haya caído mal la comida. 
El tiempo siguió pasando y se hicieron las 22h00. Ya no daba más pero siempre los managers te dicen cuando te podes ir y yo no tenía ni idea que los mozos trabajan más horas que la gente de la barra, cosa que me enteré ese día. 
Así que tuve que seguir no más, y venía demasiado bien así que ¿pasó algo malo? Por supuesto. Camille, una de las mozas (que adoro, es divina) me pidió ayuda para llevar los pedidos a una mesa de doce en el primer piso. Seguramente estás pensando que me caí mientras subía las escaleras o algo por estilo pero no, sobreviví y mi cerebro dramático se auto-proclamó un mártir viviente. Plot-twist: Canté victoria muy rápido. Acto seguido, dejo la bandeja en una mesa vacía para empezar a repartir los pedidos y empujo un cuchillo. Sí, tiré un cuchillo de piso a piso, justo donde había una mesa con niños. Como bien tenés claro, tengo un talento innato para lavarme las manos e hice como sino hubiera pasado nada pero claramente no salió bien. Subió una clienta indignada (Camille por suerte ya había bajado) y empieza a gritar quién había sido semejante inconsciente que tiró un cuchillo a su mesa. Me acerqué y le dije que me tropecé con la bandeja- lo cual no es totalmente cierto pero suena menos estúpido que decirle la otra versión-, que me disculpe pero que había sido un error mío. La mujer se tranquilizó y por suerte no fue a decirle nada a Alain, uno de los otros managers, Jorge ya se había ido. 
Ya eran la 23h00 y entre el cansancio, el stress y lo gritos, estaba más que listo para llorar en pleno servicio. 
Seguí limpiando mesas y cuando se hicieron las 23h15, me acerqué al manager y le dije que al otro día trabajaba a las 08h00- lo cual es cierto, estaba en el planning. Me pidió que me quedara hasta las y media y que me fuera, se ve que se me notaba en la cara lo mal que la estaba pasando así que me dijo: "Estás trabajando muy bien, tranquilo y seguí así". Creo que tenés bastante claro que me es imposible controlar mis caras, y ese día no fue ninguna excepción. Me empecé a desesperar y terminé saliendo de trabajar cinco minutos antes porque Alain vio que estaba por llorar. 
Apenas salí del trabajo les hablé a las dos personas que más me tranquilizan. Mi mamá siempre tiene una mirada más emocional y mi papá una más racional, y las dos me vinieron más que bien. 
Sí, terminé llorando por las calles de Bastilla mientras hablaba con mi mamá por el día de mierda que había tenido. Probablemente a una persona normal no le parece tan malo, y sé que me sobra lo dramático pero así lo sentí yo. Terminé contándole todo mi día, que extrañaba a mis amigos y que me daba un "Ay, quiero estar con ellos" cada vez que suben una foto en su viaje de egresados. Que sonrío como una tía orgullosa cuando veo un video de ellos o algo por el estilo. 
Más tarde hablé con mi papá y me hizo dar cuenta que no era el fin del mundo y que no tire todo por la borda en un segundo. Por eso el título de la entrada, "I Almost Do", (sí, segunda entrada consecutiva que tienen nombres de canciones de Taylor Swift, no me juzgues) significa: "Casi lo hago". No te lo tomes tan literal, no iba a renunciar ni nada por el estilo pero hubo en un momento en el que me replanteé el viaje. Sí, a la semana de haber venido. El calificativo de "demente" o "exagerado" me viene como anillo al dedo. 
En fin, todo eso fue mi bello día martes. Y por suerte acá termina la parte fea de la semana- si bien tuve otro problema en el trabajo que no te voy a contar hasta que sepa bien qué pasó. 
El miércoles entré a las 08h00 y trabajé con Khail. Resulta ser que todos los miércoles se hace la reposición de inventario así que pasamos la mayoría del tiempo acomodando las cosas en los depósitos. Nos hicimos bastante amigos con Khail. Antes pensaba que él era medio seco pero resultó ser todo lo contrario. Le empecé a enseñar expresiones en español- todavía no pasamos del "Buenos días, ¿cómo estás?, pero seguimos intentando- porque él quiere trabajar en España en algún momento de su vida. Por supuesto, no me quería quedar atrás y me enseñó un par de cosas en afgano. "Buenos días" se pronuncia algo como "Asaralam-maleikum", todavía tengo su risa grabada porque no le pegué a una. ¿Lo mejor? Entre varios intentos, le pedí que me lo escriba para poder aprenderlo más fácil, el imprevisto fue que ninguno de los do tuvo en cuenta que él usa otro alfabeto. Tengo el papel donde me lo escribió porque me parece un lindo recuerdo, te diría que le voy a sacar una foto pero la semana pasada te dije lo mismo y nunca lo hice. 
Después de todo la reposición del inventario, subimos, almorzamos y estuvimos en la barra preparando toda la mise en place para el Happy Hour. Fue un día muy tranquilo así que salí feliz del trabajo, a diferencia del día anterior. 
Y llegó el jueves. No me acuerdo si te conté pero a mí no me gustó mi primer departamento y el sábado fui a conocer otro en Marie D'Ivry. Está fuera de París, bastante más lejos que el anterior pero tengo la puerta del Metro al frente del departamento.
Ese mismo día conocí a Dimitrij, un italiano que se convertiría en mi actual flatmate. No dudé en mudarme apenas lo conocí, es super simpático, pegamos onda rápido y es DJ. Como todavía no hablo bien francés- y me falta mucho para hacerlo- hablamos en inglés así que sí, seguimos con eso de hablar los cuatro idiomas a la vez, pero todos los días lo disfruto un poco más. 
Ese mismo jueves, con la ayuda de Julia, me mudé y ahora te escribo desde el living del departamento. Me encanta, estoy muchísimo más cómodo que en el anterior. Tengo mi propio cuarto y ya me siento tan en mí lugar, que las valijas ya están todas desarmadas. Vine para quedarme. 
Lo único malo es que Dimitrij y yo tenemos los horarios de trabajo opuestos, él generalmente mañana-tarde y yo tarde-noche así que nos vemos poco, pero bueno, c'est la vie. 
La semana siguió y anoche, domingo 07-01-18, trabaje solo con Fancieli. No, al final no se llama Francilia, te lo dije mal la semana pasada porque en el planning está mal escrito. Me encanta trabajar con ella, aprendo mucho y me viene bien practicar mi portugués; tenía miedo de perderlo pero todavía lo sigo teniendo, por suerte.
Nos llevamos tan bien que me invitó a salir con ella, Fernanda y João, que también trabajan con nosotros, a Châtelet. Supongo que la próxima que te escriba, te voy a poder contar a dónde me llevaron y qué terminamos haciendo. Ah, me olvidé de decirte: Tengo dos francos por semana y esta vez los tengo hoy (lunes) y mañana (martes).

No me puedo ir sin dejarte una mini-lista de highlights de mi semana:
  • Bajé a la Cámara de Frío del restaurant a buscar unas Tigers (creo que son cervezas, ni idea, la verdad) y como no podía abrirla, llamé a uno de los managers ¿Sabés por qué no podía abrir la Cámara? Porque nunca giré el picaporte. 
  • Me enteré que tengo postre con todas las comidas del trabajo; quiero pelear con el Lucas del pasado por dejar pasar tantos postres. 
  • Me pagaron los días de prueba. 
  • Pude hacer video-llamada con dos amigas un ratito hasta que no anduvo más el internet, pero aunque sea les pude ver la cara.
  • ¡Ah! Me olvidaba, oficialmente firmé mi CDI, así que ya tengo trabajo en serio.
  • También casi me olvido, este punteo está lejos de tener un orden cronológico. El viernes terminamos tomando dos Piñas Coladas con Francieli en pleno servicio. Al trabajo hay que tomárselo con seriedad, obviamente. (Relee la palabra resaltada)

Eso es todo, por ahora. Sigo sin saber si estás leyendo esto pero tal vez ni sepas quién sos, ojalá sí. Y si efectivamente estás leyendo, ojalá lo sigas haciendo. Supongo que en algún momento te vas a dar cuenta de que sos vos. Te dejo un abrazo gigante.

À la prochaine fois,
Lucas.
PD: Muchas personas me hablaron para saber quién sos, todavía nadie te adivinó ni creo que vayan a hacerlo. Ahora sí, au revoir. 

LUCAS - El Metro: Un pensamiento cliché - Enero 2018

El Metro: Un pensamiento cliché.

BY - ENERO 10, 2018
Esta vez no te vengo a contar nada, y espero no te canses de mí considerando la rapidez con la que te estuve escribiendo. 
Voy de nuevo, sí te vengo a contar algo. Pero esta vez no es una vivencia, creo, es una idea que se me cruza últimamente cada vez que me subo a cualquier Metro, sea para ir al trabajo, para volver o para ir a conocer solo la Torre Eiffel- a esto te lo dejo para la próxima. 
La cosa es así, por alguna extraña razón, una de las cosas que más me gusta y me parece muy interesante es, sí, adivinaste: El Metro. No sé si tendrá que ver el hecho de que llego a todos lados en veinte minutos y hasta cuando salgo tarde, llego a tiempo. O que no extraño para nada estar esperando cuarenta minutos el bendito ómnibus que capaz no frena, yéndose con todas mis ilusiones de volver a casa. Bueno, está bien, te acepto que esto puede sumar un poco considerando que me salva de llegar tarde al trabajo y junto con eso, me aleja de cualquier posible reto, pero no voy a eso. 
No puedo creer lo mucho que divago, aún teniendo la oportunidad de decidir sin problemas qué te escribo y que no, supongo que así estas entradas quedan más ¿crudas? ¿Espontáneas? 

D'accord, ahora sí. 
No sé si tiene que ver que sea un recién llegado y que "La ciudad del amor" me esté seduciendo o qué, pero entrar al Metro es entrar básicamente a otra ciudad. Como si hubiera dos París (¿O sería Paríses?), uno arriba y otro abajo. Pero no solo eso, supongo que sabes cómo funciona el Metro pero por las dudas te explico un poco: Apenas bajas las escaleras de tu parada, pasas la Navigo- que es la tarjeta que se usa para pagar el ticket- o un ticket normal que lo escanea una máquina y te lo devuelve antes de que entres en caso que suba algún control. Así que, si venís (ojalá sí), no intentes pasar sin pagar. 
Bueno, resulta que una parte de mí se espanta, particularmente a la mañana, cuando veo a toda la gente- y me incluyo en el colectivo- caminando como zombie yendo (tal vez) a trabajar, o a lo que sea. Y justamente por esto me gusta tanto.
La cosa es así, no sé por qué razón en Córdoba nunca me puse a pensar en qué hará la gente de su vida o por qué tienen cara triste, cansada o feliz. Capaz sea por la forma en que están organizados los vagones. No son filas de asientos todas mirando para el mismo lado. Wait, primero que nada, hay más espacio para estar parado que para sentarse, pero, y esto sí viene a colación de lo que te estoy intentando contar desde que empecé, los asientos están enfrentados. Si te llegas a sentar, cosa que hasta ahora puse hacer siempre, tenés una persona al frente. 
Seguro estás pensando que soy un ridículo pero eso no quita que empiece a imaginarme qué hace esa persona de su vida, o qué le pasó ese día. El otro día, por ejemplo, al frente mío estaba una chica con una cara en la que se le notaba la tristeza a kilómetros de distancia. Mientras que, al lado de ella, enfrentado a mí, también, estaba un chico mandando lo que parecía ser un audio riéndose en un idioma que no conozco. Porque sí, en el Metro escuché más idiomas que en toda mi corta vida.
Puede ser que exagere, puede ser que sea porque el Metro es mi momento de paz, de tristeza, de felicidad, de pensar en mí día- siempre acompañado de música, como bien podes imaginar- pero también me di cuenta que desde que tengo a una persona sentada al frente mío, me intriga mucho saber qué le pasa. ¿Por qué está triste o feliz? - Ese señor está leyendo su libro tan concentrado que tal vez ni cuenta se da que no estamos moviendo, ¿de qué tratará? - La chica que tengo al frente, ¿estará triste por lo mismo que yo el otro día? ¿También acompaña sus pensamientos con música o está tan pendiente de otra cosa que ignora completamente el sonido de sus auriculares?

Tengo miedo que, al contarte esto, creas que estoy loco. Cuando está condensado en pocas palabras, pareciera que lo hago todo el tiempo y que estoy pendiente de todas las personas, dejame aclararte que no. Solo que realmente creo que, cuando tenés una persona al frente, y más siendo siempre alguien diferente mínimo tres veces al día, algún pensamiento delirante sobre su vida se te viene a la mente; es como que tu cerebro intenta conectarse de una forma diferente. Obvio que el ser que tengo al frente ni sabe que existo, y probablemente él o ella también caiga en mí oblivion quince minutos después de que baje del Metro, pero de nuevo, no sé si es porque este lugar me está enamorando de a poco, por la forma en la que están puestos lo asientos, o porque extraño y ya rozo el delirio pero... Qué interesante que son las personas. Si seguís leyendo, intentá imaginártelo un segundo. Somos infinitos (gracias, Stephen Chbosky) porque ni nosotros podemos pensar en todo lo que podemos pensar, si es que tiene algún sentido esta oración. 

Pero bueno, ahora sí te dejo. Puede ser que esto te parezca un bodrio o que particularmente esta entrada no tenga ningún sentido pero quería intentar explicártelo de alguna manera. Ya supongo que la próxima voy a volver a contarte mis vivencias como las veces anteriores, quién sabe.

Te mando un beso a la distancia, un pedazo de una canción que viene estando presente cada vez que voy al Metro (y me recuerda mucho a vos) y un pedacito de mi libro preferido, decidí por qué: 

"And thay's where I am,
silent in the trees.
Why won't you speak,
where I happen to be?
Silent in the trees,
standing cowardly." 
- Trees, Twenty One Pilots. 

“And I thought about how many people have loved those songs. And how many people got through a lot of bad times because of those songs. And how many people enjoyed good times with those songs. And how much those songs really mean. I think it would be great to have written one of those songs. I bet if I wrote one of them, I would be very proud. I hope the people who wrote those songs are happy. I hope they feel it's enough. I really do because they've made me happy. And I'm only one person.” 

À la prochaine fois,
Lucas.

LUCAS - Empezó todo - Enero 2018

And so it goes: Empezó todo.

BY - ENERO 01, 2018
Well, hello. Antes de empezar a contarte lo que fue mí primera semana en París quería aclararte que sigo intentando con el diseño del blog. El HTML no es mi fuerte, así que no acepto comentario al respecto. Tampoco entiendo cómo sacar el botón de "Continue Reading" que seguramente tocaste para llegar hasta acá, pero bueno, ya lo voy a lograr.

And so it goes...
Saqué esa frase de una canción y después de varios intentos, a la mejor traducción que pude llegar fue "así van la cosas" o "y así va (todo)" si te gusta un poco más literal.
A ver... ¿Cómo fueron las cosas esta primer semana? Empecemos por el principio, y que valga la redundancia de lo dicho.
El 25-12-17 empezó mí viaje y nunca tuve tanto miedo como ese mismo domingo.
Si estás acá, voy a dar por hecho que me conocés y sabés que la idea de huir un rato de Argentina después de la secundaria está en mi cabeza hace mucho. Desde siempre dije que eso era lo que quería hacer y que estaba listo, particularmente este año. El cambio de planes fue que hasta este año, el plan era irme a Londres, no a Francia. Pero como bien sabés por cómo soy, y por lo cambiante que pueden llegar a ser mis ideas, un día lo pensé bien y decidí que quería aprender otro idioma: Francés. Así que, ¿por qué no? Pero bueno, no viene al caso el background de este viaje, si querés otro día te lo cuento.
Volviendo, todo estaba listo y el mes de despedidas (sí, hice un mes de despedidas) estaba llegando a su final, pero ese final significó el inicio del viaje. Y como venía diciendo antes de irme por las ramas, nunca estuve tan seguro de mí idea hasta el día que me fui. Hubo un segundo en el que llegué a pensar "¿Y si mejor me quedo?", digo, sería todo bastante más fácil. Vá, no sé si más fácil pero sí dentro de un entorno en el que me sé mover.
Supongo que ya te diste cuenta que entre lágrimas de tristeza por despedirme de mis personas preferidas en el mundo, me subí al avión y ahora estoy acá.
Hace una semana llegué y arrancamos con el pie derecho. (Junto con algunas ridiculeces dignas de recordar)
Una amiga me esperó en el aeropuerto...Bueno, está bien, yo la esperé a ella pero igual llegó a rescatarme. El viaje arrancó divertido de entrada, no solo porque esta persona me llena de risas sino porque casi me da un infarto cuando me di cuenta que no había hecho aduana. Imaginate mi cara de pánico y lo mucho que se me rió el señor que trabaja en el aeropuerto cuando le pregunté si había hecho algo mal y le mostré mi pasaporte. ¿Tan poco mundo encima ibas a tener Lucas? ¿La sinapsis me la dejé en Córdoba o me olvidé de la existencia de la UE? No sé, pero me sentí tan tonto que me empecé a reír solo mientras esperaba a Julia.
Llegamos al departamento y si bien no es lo más lindo que esperaba pero, aunque me voy a terminar mudando, me dio tranquilidad saber que tenía a dónde quedarme por lo menos por un tiempo. Ese día salimos a comer, no me anduvo la tarjeta y más tarde fui a contratar la línea telefónica de acá. Porque si hay algo que definitivamente sabes, es que no me puedo mover sin un GPS, mucho menos en Metro. Spoiler alert: Me perdí de todas formas.
La semana siguió y, por recomendación de Julia, fui a entregar mí currículum a un restaurant. Quién diría que al otro día (jueves) empezaría mis prácticas y el sábado tendría que firmar mi primer contrato de trabajo. Así que sí, contra todo planning, en el cuál planeé conseguir trabajo después de un mes o un mes y medio aproximadamente, ya tengo trabajo.
Estoy en la barra, hago cafés, algunos tragos y me harto de ordenar vajillas durante el servicio.
El primer día, jueves 28 si querés que sea preciso, fue horrrible. No, no tienen nada que ver el idioma sino que la persona que me tendría que haber explicado las cosas básicas del bar, no lo hizo y solamente se quejaba por tener que estar con el nuevo. Perdoname si te molestan los insultos pero... Qué pedazo de pelotudo.
Después todo mejoró y mis compañeros de trabajo resultaron ser divinos, Miguel (portugués), Fernanda y Francilia (brasileras), Khalil (afgano) y Francisco (argentino) me explicaron todo sin las quejas que al otro le habían parecido tan necesarias. ¿Lo bueno del trabajo? Nunca hablé tantos idiomas a la vez (porque cuando no entiendo, me explican en portugués o en inglés) ¿Lo malo del trabajo? Nunca hablé tantos idiomas a la vez. Sí, no leíste mal. Es un comodín, en cualquier momento mi cerebro decide abandonar mi cabeza.

Pero bueno, basta con el trabajo. Aunque siéndote sincero, esa fue básicamente mi primer semana de viaje. Ah, también conseguí otro departamento al cual mudarme. Es bastante más lejos que el actual pero me gusta mucho más, además voy a tener un flatmate, which is always a good thing. También conocí un poco de Bastilla. El trabajo queda al frente de la plaza así que decidí dar un par de vueltas por ahí. Sí me acuerdo, te adjunto las fotos.
No, todavía no fui a la Torre Eiffel, ni al Arco del Triunfo, ni al Louvre, etc., así que te vas calmando. Tengo mucho tiempo todavía.
Acá hago una lista de las ridiculeces que me pasaron/hice esta primer semana:
  • Salí del Metro y no tenía ni una mínima idea de a dónde estaba parado.
  • Quise entrar al supermercado pero la puerta automática no se abría así que esperé ¿Adiviná qué? La puerta es manual.
  • Estaba por entrar a bañarme, resaltemos el nivel de desnudez que manejaba, y me di cuenta que por la ventana de la cocina se ve todo. Así que les hice un show inconsciente a lo vecinos.
  • Me perdí (probablemente esa oración sea recurrente) yendo a conocer el departamento al que me voy a mudar. 
  • Rompí una copa el primer día. Nunca en tu vida me habrías visto tan mortificado.
  • No logro entender cómo funciona la verdulería del supermercado. 
Y eso es todo, o por lo menos eso es lo que me acuerdo.
Me olvidaba, esta semana aprendí que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Hago de cuenta que la tengo clara pero nunca estuve tan perdido, pero hace las cosas más divertidas en realidad.
Hoy es primero de enero y pensé que me iba a poner un poco triste por no estar con mi familia o con mis amigos pero resultó ser todo lo contrario. Si bien anoche no hice nada porque esto de trabajar cuando nací para haber sido princesa me está matando, hablé un poco con muchas de las personas que dejé allí y me pusieron muy feliz. Estoy muy feliz. Sé que no todo el viaje se me va a dar en bandeja como sí pasó esta semana pero por ahora todo está saliendo bien. 



À la prochaine fois,
Lucas.

PD: Si te preguntás por qué te estoy hablando a vos o sino sabés quién sos, no lo busques tampoco. Yo sé quién sos y aunque no sé si estás leyendo esto, lo voy a seguir haciendo. Um beijo.
Ah, casi me olvido. Ante de terminar me gustaría dejarte la definición de "Bravado" y que decidas por qué le puse así al blog: "pretended courage or defiant confidence when one is really afraid". (Gracias, Lorde)