lunes, 28 de mayo de 2018

Flor (despedida número mil ...) - Facebook 27/05/2018

Otra despedida, y van algo así como mil:
Hace algo así como 5 minutos me tocó despedirme (por un tiempito) de ellos, de quienes elegí como familia en este viaje del carajo. Yo no sé cómo pasa, no sé si es algo del ser humano o mío pero las despedidas son algo con lo que no puedo, me ganan por goleada a niveles en los que no puedo ni hablar.
Me acabo de despedir de tres personas que vivieron conmigo 24/7 desde enero, con todo lo que eso conlleva. Y quiero que quien lea esto entienda el contexto, lo que son estos tres para mi, así que dale que va:
1. La más “chiquita” llámese Sofía, y digo la más chiquita porque cronológicamente lo es, pero tengo el placer de decir que nunca en mí conocí a alguien tan grande como ella, que no juzga y se preocupa, que es una máquina de preguntas aún que probablemente no escuche muchas respuestas, que tiene un potencial del carajo y una inteligencia emocional envidiables. Con ella aprendí a dormir con alguien, a que antes de dormir se escuchara “que duermas bien flori”, o que estuviera fascinada por el hecho de que le hiciste una tostada.
2. La señorita Luz, que si bien conocía bastante antes de venir, creo que ahora no nos quedan caras sin conocernos, caprichos, opiniones, sueños. Si hay algo que tiene esta piba es que trata de ayudar siempre, aún que no sepa cómo. Ella que no se por qué, o por qué me lo atribuí yo, me enseño a ser hermana de una mujer, a compartir las giladas más grandes y las charlas más existenciales. Ella que me acompañó en todo aún qué más de una vez la saqué cagando por no saber reaccionar relativamente normal.
3. El nene, el mimado de la casa y eso no se discute, porque por alguna razón nos adoptamos como hermanos. Este es un amigo que no voy a soltar nunca, porque vale lo que come en oro (y créanme que come muchísimo). Que es un observador del carajo y seguramente sabe por qué tenes esa cara de culo aún que vos no. Es el que casi asesino porque cuando estaba de mal humor me hacía chistes, bastante malos de hecho.
Para que se den una idea, un día en casa era algo así:
-Despertarnos, o tratar de despertarnos, entre alarmas y Ramiro que nos venía a avisar la hora.
-Desayunar, un poco en silencio y un poco tentados por los ruidos extraños que hace Sofía.
-Tratar de salir de casa, pero nunca a horario porque quién les habla pierde todo, 15 veces al dia.
-Dormirnos en el tren yendo a la Facu, menos la luchi que era el despertador humano.
-Volver con un VORAZ, digno de comernos un caballo.
-No hablar a la tarde porque ya nos habíamos agotado, hasta que alguno se aburriera del silencio o yo me dignara a despertarme de la siesta.
-Turistear, ir de compras (este se repetía mucho), tratar de hacer algo útil.
-Cenar, y darle muchos fideos con salsa a la luchi sabiendo que no le gustan.
-Charla familiar en el sillón, que siempre terminaba con alguno descoloaldo.
Muchachos, nunca me reí tanto, nunca hice ni me hicieron tanto bullying, en mi vida porque eso (y el queso cremoso) no faltaba nunca en casa.
Ellos tres me enseñaron a convivir, a moldearme, a qué cada uno tiene derecho de estar del humor que le salga ese día, a preocuparme más por el otro, porque si hay algo que puedo decir, es que soy la versión de bolsillo de mi mamá y estoy más que orgullosa.
Me dieron todo y más, por el miedo que teníamos cuando llegamos, lo perdidos que estábamos, por cómo nos desarrollamos y lo que crecimos, créanme que crecimos un montón. Por qué nunca me había pasado de estar tentada a las 7am desayunando, de buscar recetas para ver qué cocinábamos y ponerlos a cortar papas y rayar zanahoria, desde el fondo de este corazón mal socializado, los quiero, los adoro, son parte mía y no los voy a soltar nunca (esto no es joda). Porque sin ellos mi viaje hubiera sido extremadamente distinto, no hubiera sido esto. Porque muchachos, después de cuatro meses, nadie mató a nadie y aprendimos uno del otro.
La mamá los va a extrañar, una bocha, pero sean felices y extráñenme que en un par de meses vuelvo a enquilombarles la vida y llegar tarde a clases.
Los quiero con todo mi corazón de cactus.
Pd: Ramiro te juro que si llegas a elegir otra dupla para la Facu te voy a tener que matar.

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