domingo, 3 de marzo de 2024

¿NACE UNA HISTORIA?

 

CAPÍTULO 1

Y una noche gris me escribió.

En realidad, me mandó un mensaje al que, según la tecnología moderna del amor, debía aceptar. La APP BOO pretendía entrometerse en nuestras vidas.

Miré su foto y me gustó lo que vi. No se le notaban sus cuarenta y nueve, parecía de sesenta, pero, no todo puede ser perfecto.

Seguí leyendo su perfil, una señal de alarma me detuvo. Inmediatamente unas palabras se me vinieron a la mente: CAGAMOS, vive en La Rioja, tierra de buen vino y de Menem (yo diría que no tan bueno). ¡Estamos a trescientos kilómetros de distancia! LPMQLRP!

¿Acepto su invitación a conocernos?

¿Quizás viva en Córdoba o visite esta ciudad cada tanto?

Me decidí y “touchié” el botón “ACEPTAR”.

La mezcla de miedo, incertidumbre y emoción que siento cuando “hablo” con una persona que no conozco, siempre me invade. Pero como es por escrito y no pongo la cara, no se nota o me convenzo de ello.

¡Y arrancó la charla, exactamente a las 23.19 del 2 de marzo. Años que no mantenía un parloteo de casi dos horas y media con una “niña”.

Empezamos por los típicos datos para llenar un formulario de pedido de un préstamo bancario: nombre, domicilio, hijos, edades, trabajo etc.

Pero la cosa fue tomando otro rumbo. Cuando me contó que navega en kayak (también practica una parva de deportes - literalmente tiene hormigas en el traste), fue como subirnos al cauce de un río que se adentraba en una montaña oscura.

A medida que la charla avanzaba y un par de fotos de los libros que estábamos leyendo y de nuestros pies, iban y venían, mi cuerpo reaccionaba. Flor de cagón no se lo comenté ni le pregunté si le pasaba lo mismo. ¿Estábamos desbarrancando hacia el sexo?

¡Todo lo contrario!

Ella traía algo escondido, una llave de mi interior. Me abrió con esa llave mágica, y le conté lo que sólo mi psiquiatra sabe. Experiencias que todavía me duelen pese al paso del tiempo, que se según dicen, todo lo cura. La caverna estaba muy oscura y se me caían las lágrimas.

Necesitaba saber quién era ella. ¿Le pregunté, por qué a vos?

“Yo soy la que escucha y te ayuda a entender muchas cosas …. De esa forma juntos encontramos la razón por la cual al día de hoy tenemos síntomas, por las heridas que están en nuestra mente… a esta vida hay que perdonarla”.

Es una definición casi inentendible para un pragmático, admirador de las matemáticas, pero admito que en la caverna una vela asomó.

Era como que me leía el alma.

No estoy seguro de que me guste que me lean por dentro, pero ya es tarde.

Gracias a su iniciativa de comunicarse conmigo, conocí a Mónica, una licenciada en bioimágenes, que lee más allá de las imágenes (aunque suene extraño) y ella, un romanticón (aun no lo sabe), que extraña poder escribir el capítulo siguiente.

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