miércoles, 17 de junio de 2020

LA HISTORIA QUE NO FUE (I y II)


LA HISTORIA QUE NO FUE

Así sucede desde que te conocí.

Te veo y mi cuerpo reacciona.

Te imagino y mi cuerpo reacciona.

Te sueño y mi cuerpo reacciona.

Desnudarte de cuerpo era mi intención.

Desnudarte de alma también lo fue.

Sudas sensualidad, sudas sonrisa, sudas dulzura.

Quise amarte, no pude.

Quise besarte, tampoco me dejaste.

Por favor no acerques tus labios a los míos,

sueño con tu sabor a caramelo,
no podré detenerme.

Los miedos te invadieron, no quise empujarte.


Creo que podría haberme vuelto un adicto a vos y


como dice Don Mario Benedetti,


si fuera un gato, entregaría una de mis vidas


para conocerte.

Me conformo con saber que estás bien.

Te mando un beso desde mi alma.





LA HISTORIA QUE NO FUE (II)

Me sentía casi desahuciado, sin trabajo, sin rumbo.
Mucho tiempo pasó hasta que una empresa de repartos me dio un lugar.
Mi autoestima por el suelo.
No creo en las casualidades.
Pero aquél día había empezado mucho mejor.
No pasa un día que no piense en vos, me invaden las ganas de verte, aunque más no sea en una de esas reuniones dónde apenas puedo echarte un vistazo de reojo.
Claro, nadie puede sospechar que te miro con sed.
Y lo comprendo.
No lo podía creer, era mi primera entrega, y allí estabas.
Sentí ganas de volver sobre mis pasos, algo de vergüenza sentí.
Toqué y respiré hondo.
Lejos de los stilletos y del estilo único que es tu tradición, me abriste enfundada en un conjunto deportivo gris, como cualquier mujer en día viernes a última hora de la tarde.
Sentí que te tenía al alcance. Te parecías a mí al menos un poquito.
Pero para mí, lejos estás de ser cualquier mujer. Ambos lo sabemos.
Pese a mis deseos aún no he podido tocarte, salvo en mi imaginación.
Entre tanto malestar, verte, era una bocanada de aire fresco.
Me invitaste a pasar a tu casa, con tu perfume, con un rico perfume de mujer.
Estoy sucio, transpirado. Por un momento quedé petrificado, dudé, traté de disimular.
Después de años, había otra oportunidad.
Sólo quiero un beso.
No es cierto, me miento a mí mismo. 
No quiero un beso, quiero un “chupón” largo, tibio, con sabor dulce.
Tus ojos limpios de maquillaje, brillaban como diamantes y tus pestañas parecían parpadear solo para mí, bailaban.
Danzando sólo para mí.
No podía dejar de mirarte.
Mi vista se clavó en vos mientras servías aquel café.
Hablabas pero yo sólo podía comerte con la vista.
Imaginé tu lencería, minúscula, rodeados de encaje, muy sexy.
Me pregunto si es este el momento, o nunca lo será porque me duele no ser tu tipo.
Lamentablemente el tiempo pasa muy rápido y mi próximo cliente espera su entrega.
Volví a mi triste realidad.
 Por enésima vez, mis ojos se llenaron de lágrimas.
Creo que odio que no sientas lo mismo.
Mi ser te extraña.
Sabés que te deseo.
Me despedí como pude, con un suave beso en tu mejilla.
No me animo a decírtelo, lo pienso, me asusto,
pero POR FAVOR TE PIDO, como dice esa canción,
DEVÓRAME UNA VEZ.





LA HISTORIA QUE NO FUE (III)

Me fascina tu forma de ser, tu sonrisa, tu estilo, tu cuerpo. Te has convertido en mi
debilidad. Te sueño, a veces vestida, otras totalmente desnuda. Te extraño en
silencio.
Pero hoy otra vez estabas allí, frente a mí, sin escote, sin tacos, sin labios rojos, simple
pero bellísima.
Me agito, no respiro tranquilo a tu lado, hago un esfuerzo para que no se note.
Allí estabas, como un bombón repleto de dulce de leche envuelta en una camisola
blanca que dejaba ver un corpiño relleno y ajustado, y un jean tapado de agujeros
por los que podía espiar tu piel.
Me costaba apartar mi vista de lo que más deseo, tus labios. Te quiero comer a
besos, aunque mi mirada me delate.
Leí tus intenciones. ¿Me estabas por regalar un pedacito de tu luz?
Te acercaste y el miedo me invadió.
Deseaba vivir un ratito sin culpa, ya no quería pelear contra mí. 
Dos pecadores que abrirían la boca sólo para amarse.
Te sentía por dentro, y necesitaba tenerte cerca.
Tus ojos como siempre, brillaban, tu divinidad se expresa en ellos. ¿Sabías que
los ojos no envejecen? ¡Así se verán por siempre!
Estaba seguro de que algo ocurriría. Mojé mis labios y me preparé para recibir los
tuyos.
Los cerré, y me dejé llevar por tus ¨malas¨ intenciones, esperando los mojaras con
tu lengua.
Tus manos acariciaron mis mejillas y una lágrima de pura emoción se me escapó.
Tu aliento tibio sabía tal como lo había imaginado, dulce, muy dulce.
Todo sucedía despacito, como si quisieras que durara toda la vida.
Tus labios rozaron los míos, se me erizó la piel, sentía derretirme ante vos.
Abrí la boca y tu lengua se entrelazó con la mía.
Tu sabor se mezcló con el mío.
Por fin allí estabas, devorándome por primera vez.
Te mordí muy despacio, quiero atraparte, no puedo, quería retenerte dentro de mi
boca, tu lengua es intrépida, escurridiza, difícil de seguir.
Sentía latir tu pecho contra el mío, ajusté mis brazos para tenerte aún más cerca.
Con miedo metí mis manos por debajo de tu camisa, a la altura de la cintura. Volví
a apretarte hacia mí, como si pudiéramos convertirnos en uno.

Esperé tu reacción, no la hubo, me dejaste avanzar.
Tu piel es una delicia, la toco, la mimo, la disfruto.
Me detuve un segundo y acaricié tu ombligo, sensible como una mariposa.
Por un segundo te separaste de mí, ¡no fue mi intención pero mis dedos te
hicieron cosquillas! Se nos escapó una sonrisa cómplice.
Conozco mis puntos calientes, ¡pero no los tuyos! Debo darme tiempo para
encontrarlos, no sé si lo tengo.
Mientras seguíamos re lamiéndonos el uno al otro, y mis manos se mezclaban
entre tu piel y encaje, dudé si recorrerte hasta tu braga o el sostén.
Trepé hasta a tus pechos, más grandes de lo que imaginé. Pechos que recorrí con
las yemas de mis dedos, despacio, muy despacio, hasta que encontré lo que
buscaba.
Encontré tus pezones, pequeños, tersos, suaves y duros, que imploraban por mi
saliva. No me contuve, tampoco me detuviste.
Sentí tu mano en mi glande. Tomé aire porque estaba al borde de explotar. Una
primera gota se me escapó, no pude evitarlo. ¡Perdón! Saqué tu mano, preferí que
termináramos juntos.
No lo advertí, en algún momento, te desnudaste, sentí tu jean caer, pero de tu
braga quise ocuparme yo. Es como lograr un tesoro buscado por largo tiempo. Lo conseguí al fin.
Me dejaste sólo una alternativa, seguir.
Nos entregamos el uno al otro.
Acaricié tu cola, ese fruto prohibido, muy suave, con algún pocito, mientras
seguíamos re lamiéndonos, beso tras beso, casi obsceno.
Vibramos juntos.
No cruzamos una sola palabra, pero todo estaba dicho.
Éramos una lluvia de fuego, ardíamos.
Te alcé hasta aquél sillón, único testigo de nuestro momento.
Te dejaste caer.
Bajé hasta tu bahía.
Y allí me quedé mientras te oía gemir y disfrutar. No gemías, gritabas, y tus gritos
me empujaban a seguir haciéndolo.
Lamía tu más profundo sabor, por fuera y por dentro.
Así lleno de vos, busqué tu boca, y me metí dentro de ti.
Yo sólo te pedía caricias.
Pero me sorprendiste sentándote a horcajadas encima de mí.
Me ayudaste a entrar dentro de ti y comenzaste a mover tu pelvis con arte.

Apenas un par de minutos pasaron cuando te sentí explotar.
Exploté.
Jadeábamos como dos gatos en celo.
No lamento haberte ensuciado.
Habíamos terminado como comenzamos, juntos, abrazados, transpirados,
tratando de controlar nuestra respiración. Nuestros olores invadían nuestra
intimidad. Daba gusto respirarte. Te bese agradeciéndote el momento que me
diste.
Nos habíamos amado con coraje y sin culpa.
Me pregunto si esto será tocar el cielo con las manos.
Me haría adicto al cielo y a tu cuerpo.
Vine a robarte un beso, me llevé un pedazo de vos.
No me tientes quizás no podremos olvidarnos el uno del otro.
Me duele pero sé que estoy fuera de tu mundo.
O quizás sea un loco atrapado por la realidad, que quiere salir de ella, y vos mi
puerta de escape.
¡Sabes cuánto te deseo!
No es amor, es atracción, pero no sé en qué se puede convertir.
Inexplicablemente no me jode sufrir por no tenerte.

Te vi desaparecer, me desvanecí.
Desperté. Te busco y no puedo tocarte.
Desperté mojado.
Me odio. Otra vez me traicioné a mí mismo. No paro de soñarte.
Sos como una orquídea, quisiera protegerte.
La tristeza me invadió, los ojos húmedos.
Estoy roto, me duele, pero acá estoy, sólo.

Lo decidí.

Sin respuestas renuncio a seguir esperándote, estaba encadenado.
De todas maneras, para lo que necesites, siempre estaré.


No hay comentarios:

Publicar un comentario