DEVÓRAME UNA VEZ.
LA HISTORIA QUE NO FUE (III)
Me fascina tu forma de ser, tu sonrisa, tu estilo, tu cuerpo. Te has convertido en mi
debilidad. Te sueño, a veces vestida, otras totalmente desnuda. Te extraño en
silencio.
Pero hoy otra vez estabas allí, frente a mí, sin escote, sin tacos, sin labios rojos, simple
pero bellísima.
Me agito, no respiro tranquilo a tu lado, hago un esfuerzo para que no se note.
Allí estabas, como un bombón repleto de dulce de leche envuelta en una camisola
blanca que dejaba ver un corpiño relleno y ajustado, y un jean tapado de agujeros
por los que podía espiar tu piel.
Me costaba apartar mi vista de lo que más deseo, tus labios. Te quiero comer a
besos, aunque mi mirada me delate.
Leí tus intenciones. ¿Me estabas por regalar un pedacito de tu luz?
Te acercaste y el miedo me invadió.
Deseaba vivir un ratito sin culpa, ya no quería pelear contra mí.
Dos pecadores que abrirían la boca sólo para amarse.
Te sentía por dentro, y necesitaba tenerte cerca.
Tus ojos como siempre, brillaban, tu divinidad se expresa en ellos. ¿Sabías que
los ojos no envejecen? ¡Así se verán por siempre!
Estaba seguro de que algo ocurriría. Mojé mis labios y me preparé para recibir los
tuyos.
Los cerré, y me dejé llevar por tus ¨malas¨ intenciones, esperando los mojaras con
tu lengua.
Tus manos acariciaron mis mejillas y una lágrima de pura emoción se me escapó.
Tu aliento tibio sabía tal como lo había imaginado, dulce, muy dulce.
Todo sucedía despacito, como si quisieras que durara toda la vida.
Tus labios rozaron los míos, se me erizó la piel, sentía derretirme ante vos.
Abrí la boca y tu lengua se entrelazó con la mía.
Tu sabor se mezcló con el mío.
Por fin allí estabas, devorándome por primera vez.
Te mordí muy despacio, quiero atraparte, no puedo, quería retenerte dentro de mi
boca, tu lengua es intrépida, escurridiza, difícil de seguir.
Sentía latir tu pecho contra el mío, ajusté mis brazos para tenerte aún más cerca.
Con miedo metí mis manos por debajo de tu camisa, a la altura de la cintura. Volví
a apretarte hacia mí, como si pudiéramos convertirnos en uno.
Esperé tu reacción, no la hubo, me dejaste avanzar.
Tu piel es una delicia, la toco, la mimo, la disfruto.
Me detuve un segundo y acaricié tu ombligo, sensible como una mariposa.
Por un segundo te separaste de mí, ¡no fue mi intención pero mis dedos te
hicieron cosquillas! Se nos escapó una sonrisa cómplice.
Conozco mis puntos calientes, ¡pero no los tuyos! Debo darme tiempo para
encontrarlos, no sé si lo tengo.
Mientras seguíamos re lamiéndonos el uno al otro, y mis manos se mezclaban
entre tu piel y encaje, dudé si recorrerte hasta tu braga o el sostén.
Trepé hasta a tus pechos, más grandes de lo que imaginé. Pechos que recorrí con
las yemas de mis dedos, despacio, muy despacio, hasta que encontré lo que
buscaba.
Encontré tus pezones, pequeños, tersos, suaves y duros, que imploraban por mi
saliva. No me contuve, tampoco me detuviste.
Sentí tu mano en mi glande. Tomé aire porque estaba al borde de explotar. Una
primera gota se me escapó, no pude evitarlo. ¡Perdón! Saqué tu mano, preferí que
termináramos juntos.
No lo advertí, en algún momento, te desnudaste, sentí tu jean caer, pero de tu
braga quise ocuparme yo. Es como lograr un tesoro buscado por largo tiempo. Lo conseguí al fin.
Me dejaste sólo una alternativa, seguir.
Nos entregamos el uno al otro.
Acaricié tu cola, ese fruto prohibido, muy suave, con algún pocito, mientras
seguíamos re lamiéndonos, beso tras beso, casi obsceno.
Vibramos juntos.
No cruzamos una sola palabra, pero todo estaba dicho.
Éramos una lluvia de fuego, ardíamos.
Te alcé hasta aquél sillón, único testigo de nuestro momento.
Te dejaste caer.
Bajé hasta tu bahía.
Y allí me quedé mientras te oía gemir y disfrutar. No gemías, gritabas, y tus gritos
me empujaban a seguir haciéndolo.
Lamía tu más profundo sabor, por fuera y por dentro.
Así lleno de vos, busqué tu boca, y me metí dentro de ti.
Yo sólo te pedía caricias.
Pero me sorprendiste sentándote a horcajadas encima de mí.
Me ayudaste a entrar dentro de ti y comenzaste a mover tu pelvis con arte.
Apenas un par de minutos pasaron cuando te sentí explotar.
Exploté.
Jadeábamos como dos gatos en celo.
No lamento haberte ensuciado.
Habíamos terminado como comenzamos, juntos, abrazados, transpirados,
tratando de controlar nuestra respiración. Nuestros olores invadían nuestra
intimidad. Daba gusto respirarte. Te bese agradeciéndote el momento que me
diste.
Nos habíamos amado con coraje y sin culpa.
Me pregunto si esto será tocar el cielo con las manos.
Me haría adicto al cielo y a tu cuerpo.
Vine a robarte un beso, me llevé un pedazo de vos.
No me tientes quizás no podremos olvidarnos el uno del otro.
Me duele pero sé que estoy fuera de tu mundo.
O quizás sea un loco atrapado por la realidad, que quiere salir de ella, y vos mi
puerta de escape.
¡Sabes cuánto te deseo!
No es amor, es atracción, pero no sé en qué se puede convertir.
Inexplicablemente no me jode sufrir por no tenerte.
Te vi desaparecer, me desvanecí.
Desperté. Te busco y no puedo tocarte.
Desperté mojado.
Me odio. Otra vez me traicioné a mí mismo. No paro de soñarte.
Sos como una orquídea, quisiera protegerte.
La tristeza me invadió, los ojos húmedos.
Estoy roto, me duele, pero acá estoy, sólo.
Sin respuestas renuncio a seguir esperándote, estaba encadenado.
De todas maneras, para lo que necesites, siempre estaré.