SULTÁN (Cuchito, "peio malo", "perro loco")
Hola!!!!
Soy SULTÁN. Un caniche Toy chiquito, muy chiquito!
Nací el 18 de Noviembre de 2006.
Mis papás perrunos son Chocolate y Ginger.
Recuerdo que éramos un montón de hermanos, como seis. Nacimos en lo que los humanos llaman una quinta.
Éramos un montón. Había perros muy distintos a mí, de todos los tamaños y colores, verdaderos monstruos gigantes.
En cambio yo, era minúsculo.
No me olvido de aquel día. Un domingo.
Se acercaron dos niños y sus papás, yo quería irme de la quinta, a cualquier lugar donde me cuidaran a mí sólo.
Soy un poco egoísta, pero quiero todo el cariño para mí solito. ¿Por qué compartirlo?
Me levantaron, tenía un susto de aquellos.
¿No se dan cuenta que si uno tiene el tamaño de una mano, a esa altura lo invade el vértigo?
Me puse nervioso, muy nervioso.
Me dejaron en el pasto otra vez. Cagué, me dije. Me dejan acá. Me dejaron en el piso y empezaron a levantar y mirar a mis hermanos. No sé qué diferencias había entre nosotros, para mí éramos todos iguales, pero ellos las encontraban.
Volvieron a levantarme y me pasaban de mano en mano. Y otra vez el vértigo.
¡Por favor déjenme en el suelo, no soporto la altura!
Escuché que hablaban con la dueña de la quinta, y me pusieron un moño. Yo con moño, me veía ridículo.
Se fueron. Vuelvan, les ladré. Pero no entendieron mi ladrido de angustia. No hablan mi idioma perruno.
Pasó un tiempo, escuché algo así como treinta días.
Otra visita de la misma familia. Mamá Mariana, papá Alejandro, un niño Lucas y la niña Florencia.
Yo no entiendo gran parte de su idioma, pero me las arreglo.
¿Pero, por qué habrán vuelto?
Hablaron con la jefa de la quinta, me metieron en una caja con olor a pata, y subimos a una cosa que llamaban auto.
Iban discutiendo mi nombre. ¿Yo ya tenía nombre, porqué me lo querían cambiar?
Me llamaba Pequeñín. Siempre me pareció raro, porque a todos en la quinta nos llamaban igual.
Nada me preguntaron, no les interesaba mi opinión, pese que al nombre me lo pondrían a mí.
¡Injusticia! ¡Viva la democracia!
¡Que agradezcan que me cayeron bien, sólo por eso los aguanté!
¡Después de un largo “intercambio de opiniones”, me llamaron SULTÁN! Escuché que un Sultán es como un emperador, o un príncipe en los países árabes.
¡Ahí mismo decidí comportarme como mi nombre lo indicaba!
¡Como un REY! Me llevaran dónde me llevaran, haría lo que quisiera.
Mientras tanto me "iba fumando" el olor a pata de la maldita caja y rogaba que me sacaran el moño del cogote.
¡Yo soy un perro, no una caja de regalo!
Después de un rato se presentaron: yo soy tu papá dijo Lucas, y yo tu mamá dijo Florencia.
Y nosotros tus abuelos dijeron los dos más grandes.
Pensé que habían tomado alcohol porque yo padres y abuelos ya tenía, y eran perros no humanos.
Me llamaban, "vení SULTI", todos a la vez. Me volvían loco pero me divertía, e iba con quien yo quería.
Con el paso del tiempo se fueron sosegando. Se cansaron de hacerme "upa", y yo sin "upa" no llegaba a ningún lado, y además me gustaba que me acariciaran.
Me iba bastante bien, dormía con mis papás postizos en una cuchita al lado de su cama y hasta me dejaban subir a su cama y se peleaban por mí.
Me daban leche para el desayuno y carnecita de pollo o vaca cortadita chiquitita, para el almuerzo y cena.
Las primeras noches estaba muerto de miedo. Los desubicados apagaban todas las luces para ir a dormir y yo acostumbrado a dormir con luz. ¡Tenía un cagazo tamaño baño!
Al otro día otra vez a la caja de zapatos y a fumarme el olor a pata. Me llevaron a un lugar al que le llamaban veterinaria.
Me subieron a una mesa de chapa y un grandote empezó a toquetearme.
No le bastó con eso sino que además me pinchó y encima me metió lo que dijo era un termómetro, en el culo. Era un mal educado, ni permiso me pidió.
Pensé que me dejarían allí, con ese veterinario torturador.
Después supe que era médico de animales y me lo tendría que bancar cada vez que me llevaran. Era un calvario.
Por suerte me llevaron de regreso a mi nueva casa, con ellos.
Ya les había tomado cariño.
La pasaba bien todo el día, de mano en mano, me hablaban hasta que pedía por favor que se callaran, pero no me entendían. Obviamente hablábamos idiomas distintos. Ni se preocupan por hacer algún curso de idioma perruno. Pasan los años y no me entienden!
Empecé a marcar el terreno. Ellos lo hacen con alambre, yo meando.
Se ponen locos cuando meo! Primero me gritan, después me hacen oler mi propio pis. Al final hicimos un trato, meo adentro (al fin y al cabo es mi casa ahora) y cago (💩) afuera. Como para darles un gustito, así nos pusimos de acuerdo.
También me dejan mear las ruedas del auto, así que considero que me salí con la mía.
De a poco fui aprendiendo las mañas de mi familia. No hay duda que me quieren mis papás, Florencia y Lucas se pelean por mí todo el día, y en general por cualquier cosa.
Por suerte mis papis van al colegio y los abuelos a trabajar. Así los aguanto unas horas al día y el resto del día duermo tranquilo.
Cada tanto me agarra mi "abuela" y me mete debajo de un chorro de agua. Me dicen que tengo olor a perro y me bañan con jabón.
Yo me pregunto. A qué voy a tener olor, si soy un perro?
Después me tiran viento con una cosa que se llama secador de pelo.
Para colmo me apuntan directamente al culo, y me cago de frío.
Para terminar me dicen: ¡Que olor rico que tenés Sultán!
¡Yo prefiero mi olor a perro!
Como todavía soy muy chiquito me llevan y traen de todos lados, casi no muevo las patas.
¡Si sigo en este camino voy a subir 10 quilos en un año!
¡Pero la verdad es que me gusta que me lleven y me traigan, disfruto de las caricias de todos!
Devuelvo sus caricias lamiendo sus caras, pero a los dementes les molesta. ¡Que se jodan!
De a poco voy creciendo, ya peso dos kilos.
Tengo algunos juegos preferidos. Enterrar los huesos que me dan, destruir cuanta pantufla anda dando vueltas, destruir las flores y plantas del jardín y jugar a las escondidas con mis "papis".
¡Siempre los encuentro, creen que tengo el hocico al pedo!
Ya tengo 9 años y me enfermé. Me enfermé como nunca antes. Me siento muy mal.
Otra vez al veterinario. Les dijeron que tenía muy comprometido los riñones, no sé ni para qué sirven pero me duele todo y me siento mal, me siento muy enfermo. Mis papás no se animaron a venir y mis abuelos tienen muy mala cara. Es más, se les caen las lágrimas.
Me dejaron internado. Te meten en una jaula solo, y ellos se van.
Se fueron y me dejaron. En estos momentos los odio. ¡Me pregunto si volverán!
Cinco días. Cinco días y lo único que hacían era pincharme por todos lados. El veterinario decía que debían hidratarme. Como mis riñones no andaban bien me estaba deshidratando.
El viernes escuché a mis abuelos y pasaron a visitarme. Bueno, llegó el momento de irme, pensé.
Nada que ver allí quedé. Los escuché llorar. ¿Si lloraban, por qué no me sacaban de esa jaula?
Al día siguiente, quinto día de mi internación, mi abuelo llegó. Eran las nueve y media de la mañana de un domingo. Habló con el veterinario y por fin me sacó del encierro. Escuché que ya nada podían hacer por mí, y que era cuestión de tiempo mejorar o no. "Llévatelo y cuídenlo" en casa dijo el veterinario. Necesita muchos mimos.
Tenía una venda en mi manito izquierda por donde me pasaban el suero. Apenas podía caminar, estaba muy débil, pero muy contento de irme a casa, aunque me sentía muy mal. Débil y flaco. Había perdido un kilo en cinco días. Entré con cuatro kilos y salí con tres.
Apenas podía caminar, pero estaba en casa.
De a poquito empecé a recuperarme.
Apenas llegue a casa tuve ganas de salir a pasear como todos los sábados y domingos. Estaba hecho una piltrafa pero tenía ganas de sentirme libre.
¡Mi abuelo me sacó a pasear, estaba feliz! Pude dar la vuelta habitual, más despacio, pero llegué, me costó pero llegué. Entre al patio de mi casa y me tiré al sol.
Como casi no caminaba, me alzaban y me llevaban de acá para allá, como a lo que ellos llaman un bebé. Yo aprovechaba todo ese cariño y me sentía mejor.
Empecé a tener hambre y a tomar agua. Era indispensable que tomara agua. Hasta en cucharita me daban.
Una y otra vez me decían: SULTÁN tenés que tomar agua para que los riñones vuelvan a funcionar bien.
Por fin me recuperé.
Escuché que mis análisis daban como si tuviera dos riñones nuevos. El veterinario decía que era un milagro.
¡Para mi eran todos los cuidados que me dieron!
En estos días me enamoré de mi familia.
Cada tanto me llevaban a la veterinaria para que me pinchen con las vacunas, me hagan los análisis de sangre, me corten el pelo y me bañen.
Odio que me bañen.
Sé que me hace falta porque el cuerpo me empieza a picar, pero no me gusta, no la paso bien, es más, la paso mal. Más de una vez tengo la sensación de que me van a dejar eunuco con esa máquina de cortar el pelo.
Después de pasarla enfermo tanto tiempo, por fin llegó el mejor día de mi vida.
¡Llegó a casa una SULTANA!
El 10 de septiembre de 2009, conocí a la única novia que tuve. Era la "hija" de un herrero que vivía sobre calle Cartagena antes de llegar a Valencia. El se llama Néstor, ella MORA, la más bella que haya.
Era hermosa, blanca, bella, con aroma a perra en celo, justo lo que me gusta. No hablaba ni ladraba.
La perseguía y no se dejaba agarrar. No se cuentos kilómetros la corrí ese día, pero no pude con ella. Dimos mil vueltas al patio. Lo intenté, lo volví a intentar, pero no pude.
No la pude agarrar. Me tuve que dar por vencido. Será para la próxima 😪.
Los piolas de mis papis, Florencia y Lucas, en diciembre de 2018 y enero 2019, se rajaron a Europa. Eso escuché. No tengo ni idea de dónde queda Europa. Pero me dejaron solo, en realidad me dejaron con mis abuelos. Al principio creí que sería un embole, pero resulta que ahora me llevan con ellos a todos lados. Salen a pasear en el auto y me llevan, salen de vacaciones a Huerta Grande y me llevaron. Fuimos a una cabañas tres días y la pasamos bomba!!!!
Paso el tiempo divirtiéndome con cada miembro de la familia. Todos son muy cariñosos, me hablan, me hacen jugar y encima, duermo en sus camas.
A mi papá Lucas le hice creer que no lo quiero, pero si lo quiero.
Me molesta cuando me apunta con el dedo y me mira fijo. Cuando me hace así, ladro y si pudiera morderle ese dedo, se lo como vivo.
Encima puso una madera cruzada en la puerta de su habitación y ya no puedo entrar en ella a mear en paz.
Me cagó. ¿Cómo no lo voy a odiar?
Pasan los años y noto que me estoy poniendo viejo. Me duelen las rodillas de las patas de atrás. El veterinario dice que tengo gastado no sé qué, y por eso se me traba la rodilla. Además empecé a tener miedo a las alturas, tengo vértigo.
Lo cierto es que desde hace un tiempo no puedo subir las escaleras a las habitaciones del primer piso. En realidad subo hasta la mitad, hasta dónde puedo. Entre el miedo y los dolores, llego hasta dónde llego, y punto.
Subo hasta que me duelen las patas, paro y empiezo a llorar hasta que me alzan y me suben. Alguno siempre se harta de escucharme, y baja a buscarme.
Pero, y aquí viene la contradicción, ya no me gusta tanto que me anden alzando, así que gruño cada vez que lo hacen. Entonces viene la pregunta de todos los días: ¿Sultán, si querés que te lleve arriba, por qué me gruñís? Gruño porque quiero. ¡Ja!
En invierno me quieren poner unos pulóveres pedorros. Los humanos usan pulóveres.
Los perros usamos nuestro propio pelo, no pulóveres.
Igual me obligan. Gruño, pero igual me los ponen. Los gruño bien gruñidos. Me ponen de vez en cuando tres pulóveres distintos, dos azules y uno crema. Me abriga más el crema, pero si aún tengo frío me acuesto debajo de un calefactor. ¡Qué bien se siente el calorcito de esos aparatos! Buen invento humano.
Los sábados, en mi casa tienen la costumbre de comer milanesas, así que ese día, menú especial para todos. ¡Yo incluido!
Me cortan la milanesa tan chiquita que pareciera que creen que no tengo dientes.
Al menos los sábados, evito lo que llaman alimento balanceado o chizitos para perros. Me pregunto por qué no se lo comen ellos, son un asco. Pero si no como eso, no hay otra cosa. Pues se come chizitos entonces.
Los domingos mi abuelo suele hacer asado. Día de huesos, para roer y enterrar. Suelo terminar el día con la nariz llena de tierra. Cuando me canso de roer, los entierro.
¡Si me ven con el hocico lleno de tierra, cagué! ¡Me suben a la bacha de la cocina y me lavan el hocico, la puta que lo re parió!
Me acostumbraron a comer de todo, pero de vez en cuando ligo alguna comida distinta como verduras o tallarines.
Lo que más me gusta es el helado, pero siempre tengo que escuchar lo mismo: Sultán dejá de pedir helado, el azúcar te hace mal. Me dan apenas un culito, suficiente para ponerme contento y saborear un buen postre.
Me gustan los días de otoño.
Salgo al patio, si anda la tortuga Manuelita dando vueltas, aprovecho para mearla y me acuesto en el pasto a tomar sol. Me molesta esa tortuga, no me deja tomar sol tranquilo, me quiere morder mis patitas. Y cuando me canso o siento calor entro a casa por el portón que da al patio. Un herrero me hizo un agujero en un vidrio, por donde salgo y entro del patio, cuando se me da la gana.
Me quieren mucho en mi casa.
¿Qué pasará el día que ya no éste? Seguro llorarán unos cuantos días.
Hasta hace un tiempo, no me dejaban asomarme a la puerta si no era con la correa.
De a poco aprendí que no debo saltar a través de la reja.
Cada vez que tocan el timbre salgo a la calle, me suben al jardín del frente de casa y ladro tranquilo a quien pase.
A pesar de mi edad, nunca aprendí a andar solo por la calle. Siempre con la correa. Es como que enloquezco cuando me sacan a pasear.
Siempre visitamos a los mismos perros amigos y volvemos a casa, previo mear cuanto árbol me cruzo, marcando mi terreno.
¡Salimos los sábados, domingos, y feriados y espero esos días con mucha ganas!
Mi corazón empezó a fallar. El veterinario dice que tengo un soplo que lo está dañando.
Tengo más de quince añitos, y mi corazón ya está en muy mal estado, tengo arritmia y la última vez que me llevaron a la "vete", hace unos días, tenía líquido en los pulmones. Andaba bien pero mi corazoncito se estropeó muy rápido. En la última visita, la "vete" le sugirió mi abuelo que me dejara internado, pero no quiso, estaba seguro que no volvería a casa con vida.
El 10 de mayo pasó algo muyyyy raro. Mi abuelo que ya no quería dejarme solo ni un minuto, cerca de las 10 de la mañana, se sentó delante mío, y llorando a los gritos, me decía: No te podés morir, tenés que vivir mucho tiempo más.
Y algún día tenía que ser.
El día del censo (18/05/2022) mientras mis abuelos almorzaban y me convidaban hamburguesa que apenas probé, entré al galponcito detrás del asador, me acosté al lado de Manuelita, y mi corazón dejó de latir.
Todo muy tranquilo y acompañado.
Llorando me levantaron y me llevaron a la veterinaria. Mi abuelo tenía miedo de que estuviera sufriendo. Pero no!! No sufrí!! Mi corazoncito se detuvo.
Me dejaron descansando en el Parque del Amigo, junto a un montón de mascotas.
Mi familia me dio la mejor vida que pude tener y yo les di a ellos lo mejor de mí, incluyendo algunos mordiscones!!!
SULTÁN!!!!!
Sultán siendo "molestado" por Lucas.
Sultán participando de una lucha entre padre e hijo!!
Sultán buscando comida!!
Popurrí de fotos de Sultán!!
Aprendiendo a nadar en la pelopincho, en el patio de casa!!!
Pidiendo más comidita!!
Mangueando el desayuno!!
"Golpeando" a Roco, mientras Sultán lo defendía!!
Con su abuela un "poquito" enojado!!
Sultán muyyy enojado porque estaba en la falda de su abuela y Lucas intentaba sacarlo!!

Puro amor!
Sultán yendo a la veterinaria, uno de sus primeros días en casa!!
En el jardín del frente de casa. Le encantaba salir a mirar lo que ocurría afuera!!
Puro amor con Lucas!!
No se quien sacó esta foto, pero sin dudas una de las más bellas!!
Aquí descansando sobre su peluche preferido!!
Sultán con su amiga Manuelita (qué otro nombre podía tener nuestra tortuguita)!!
En 2013 enfermo de sus riñones, el domingo que lo retiramos de la veterinaria.
Con cara de sueño durmiendo en la cama de los abuelos!!
Lucas y Sultán ambos muy chiquititos!!
Con Lucas año 2008!!
Saliendo a pasear como todos los sábados, domingos y feriados, años y años dando exactamente la misma vuelta!!
Septiembre de 2009 con su única novia, lo intentó montarla varias veces, pero ella no le daba ni la hora!!
Otra de las fotos más bellas!!
Otra vez enterrando huesitos!!
Acompañándonos a desayunar en Santa Calma (Parque Sarmiento)!!
Celoso de su Papá Lucas!!
Abuela con Roco y Sultán!!
Abuelo con Roco y Sultán!!
Enojado en la veterinaria!!
Seguramente un domingo en cama de sus abuelos!!
Esta es una de sus últimas fotos, ya muy enfermo del corazón, apenas si caminaba unos pasos, no lo podíamos bañar por riesgo a un infarto, comía muy poquito y le dábamos Ensure (suplemento alimenticio).
El día que Florencia se recibió de Diseñadora Gráfica!!
Seguramente un domingo comiendo una costillita culo "pa" arriba, como era su costumbre!!
Montando guardia, mientras su abuela trabaja!!
Comiendo espárragos!! Dónde se vio un perro que coma espárragos?? Le fascinaban!!
Saliendo a pasear a la casa de Carlos Paz o a su costanera!!
Amena charla entre los tres!!
"Mosca", en su cuna!!
Descansando en su cuna!!
Con Lucas el día que fue operado de la nariz!!
Dos "echados" en la cama!!
Seguramente pleno invierno, bien tapado!!
Su abuela le limpiaba sus lagrimales tapados, sobre la mesada del baño para que se quedara quieto!!
Paseando en el Parque de las Tejas!!
Lo dejaron en el auto mientras su abuela bajaba a hacer las compras!!
Enredado con su cunita!!
Noche de navidad!!
































































































































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