03-11-2024 - Hospital Privado
Sergio Santamaría: Loco alguien hace cargo de las emergencia de los viejos chotos de 3ste grupo, siempre me toca a mi, esta bien que yo sea el del corazón más sensible pero paren un poco¡¡
04-11-2024 - Hospital privado
Paso parte medico del hno de la desgracia:
Costo que el servicio de salud del privado lo atendiera, ya que por su aspecto era un abuelo en situación de calle y lo querían derivar algún centro municipal para personas abandonadas.
El diagnostico: Quebradura del hueso del talón, fue difícil determinar si la lesión corresponde a la pierna habil, ya que las dos son inútiles.
Se le practico RX y Tomografía, (el equipo de mantenimiento del hospital no pudo determinar porque ambos equipos después de practicar los estudios dejaron de funcionar)
Esta mañana lo deposite en la guardia del HP para examen médico con especialista de traumatología, munido de muletas y bota, quedo al cuidad de su hermana, que por el aspecto del paciente, negó su vinculo familiar aduciendo que es la asistente social designada por el hogar de día.
Lo positivo de esta situación es que para que asista al asado del jueves se deberá hacer en su hause
Ampliaremos

ASCENSO Y DESCENSO DE UN PINTOR – CRÓNICA
El pasado domingo 3 de noviembre cerca de las seis de la tarde, y en apenas un par de horas, terminé de darle la primera mano de pintura marrón tabaco (hermoso color), a las celosías de chapa, debajo del asador. Me sentía satisfecho. Mi domingo había sido fructífero, el jardín y patio mostraban el pasto cortito, y las plantas con sus canteros impecables. Un poco más tarde debía regar un poco.
Había notado que las celosías de las ventanas de las habitaciones de arriba, estaban descoloridas (dan al oeste) y recordé que la última vez que las pinté fue en época de la pandemia, cuando pinté todo lo que había dando vueltas. Si pasabas por la puerta de mi casa, también te pintaba.
A las seis de la tarde me dije: Ale, es temprano, podés hacer un par de celosías más. En ese mismo momento puse manos a la obra. Abrí la escalera de aluminio que pagué otrora en doce cuotas sin interés (soy re vivo para comprar), y la apoyé donde debía. Estaba descalzo, pero igual comencé a subir un par de escalones en búsqueda de la “presa” (léase celosía derecha de la ventana del escritorio del primer piso). Como el pie me dolió, en un acto de inteligencia notable (ponele) bajé y me coloqué las “zapas”.
Subí, agarré con el brazo derecho la celosía, la descolgué de sus bisagras, y comencé a bajar. Faltando tres escalones, “vino la advertencia del más allá”.
El peso de la celosía me venció, la dejé caer, y trastabillé hasta llegar al piso, perdí el equilibrio, pero logré llegar al suelo del patio sin mayores problemas. Felipa mi perra, que observaba atentamente, y aplicado el famoso y conocido refrán “soldado que huye sirve para otra guerra”, decidió huir raudamente hacia su cucha, dentro de la casa.
Debo ser medio sordo o cabeza dura, lo cierto es que hice caso omiso a la “advertencia del más allá”. Un minuto después comencé a subir la escalera nuevamente, en búsqueda de la presa izquierda. Esta vez, con mi brazo izquierdo (con el que tengo aún menos fuerza que el derecho) descolgué la celosía, y comencé el descenso. Mas o menos a mitad de la escalera, el peso de la celosía me venció y decidí dejarla caer, desde algo más de un metro de altura. Por suerte, Felipa seguía esperando que llamen para otra guerra y no apareció, si no, la liquido de un “celosiaso”.
Lamentablemente ya había perdido el equilibrio (creo que alcancé a bajar un par de escalones más aunque no lo recuerdo con claridad), y me vine en descenso rápido, tal escalador que perdió el anclaje a la montaña.
Caí parado sobre mi pie izquierdo, después asenté violentamente el culo y por último estacionó mi cabeza.
Estaba aturdido, y tuve que respirar hondo varias veces, tirado en el piso del patio, para entender lo que me había pasado. ¡No se preocupen por Felipa, que ni apareció!
Un minuto después empecé a pedir auxilio. Jorge, Jorge, Fabián, Fabián (léase a los gritos), llamando a mis vecinos, supongo cerca de las seis y media de la tarde.
Obviamente como cualquier día domingo, mis vecinos estaban descansando, y no me escucharon.
En el único rapto de humor que tuve esa tarde, recordé una frase que los mayores de 50 años, también recordarán. “Jaque mate rey dos, aquí torre blanca”. Así se comunicaba el radio operador de “Combate”, una serie de los 70, en la que un pelotón de unos 10 soldados americanos al mando del sargento Chip Saunders, detrás de las líneas de fuego de los alemanes, en plena segunda guerra mundial, luchaban. En esta serie, los alemanes eran uno más boludo que el otro. Creo que de haber contado durante la segunda guerra sólo con el sargento y su pelotón, la invasión de Normandía no hubiera sido necesaria.
Volviendo a mi tarde, este pelotón de soldados americanos “re pícaros” por cierto, avanzaban caminando y arrastrándose cuerpo a tierra, lo que marcó mi futuro inmediato.
Intenté pararme, pero el dolor muy intenso me lo impidió. Miré mi pie y se veía aplastado en un centímetro aproximadamente, y un pedazo salía hacia afuera. Era un horror. Esto multiplicó mi susto.
Y me pregunté: ¿si el sargento Saunders y su pelotón pueden, por qué yo no? Rogué que el celu se encontrara dónde creía haberlo dejado (sobre la mesa del living), y puse “el cuerpo a la obra”.
Me arrastré como pude, intentando en vano no pegarte a nada con el pie (cada golpe con la heladera, con un marco de puerta, era un grito y una putiada), encontré el celu, logré alcanzar las llaves de mi casa, y llamé a mi amigo Sergio (ingeniero electro mecánico). Un minuto después estaba en la puerta de casa, munido de su camioneta y acompañado por su hija Catalina. Al verme, lanzó su diagnóstico inicial y contundente. “No vayamos al hospital, poné la gamba en agua fría” y listo.
Le insistí que me llevara al hospital.
Llegamos. Pedimos una silla de ruedas, que fue manejada por Catalina, cometiendo delito tras delito, ya que carece de carnet de conductor de sillas de ruedas habilitante, pero sus ganas pudieron más. Debía ayudar a su “tío” Turco. Muchísimas gracias a ambos. Y también a Mónica, la esposa del ingeniero y mamá de Cata, que mientras estaban en el hospital, ella debía viajar a Buenos Aires, y por mi culpa, perdió su paraguas (cuando pueda caminar te compro uno bien lindo). Mil disculpas Mónica y muchísimas gracias también a vos.
Un par de horas más tarde, regresaba a casa con el siguiente diagnóstico: quebradura de hueso calcáneo de pie izquierdo.
Días antes había comprado una fábrica de tornillos de titanio. Una idea excepcional.
El jueves 7 de noviembre me operaron, y salí con ocho tornillos de titanio y una placa dentro de mi bello piececillo.
Obviamente, me fundí antes de abrir la fábrica.
¡A mi pie fue a parar el stock!!!!!!
ALEJANDRO ASEF
PD: próximamente segunda entrega