Hijo mío tus papis también tuvimos que salir del closet.
Yo lo llamo el CLOSET DE LA IGNORANCIA.
Nuestra primera reacción no podía ser otra: llorar, llorar y llorar..
Creo que nos dolía el alma. Un dolor muy adentro nuestro.
¿Cuánto tiempo hice sufrir a mi hijo?
Me preguntaba una y otra vez, qué era lo que había hecho mal.
¿Soy un mal padre?
Si hasta en un momento, cuando la culpa me ahogaba, intenté cambiar el rumbo de la realidad, preguntándole si no tenía dudas acerca de lo que sentía.
Recibí un rotundo “NO TENGO NINGUNA DUDA PAPÁ”.
Días después junto a Mariana, comenzamos a visitar a Orietta, una excelente psicóloga que nos habían recomendado.
Y de ella aprendí tres cosas que jamás olvidaré:
1- Nadie tiene un cartel en la cabeza que indique su sexualidad. Es el morbo del ser humano el que necesita saberlo, generalmente para discriminar.
2 - Los hijos que “no salen del closet”, viven en la desesperanza o se ven obligados a desarrollar una SEGUNDA VIDA CLANDESTINA, con todos los peligros que eso significa. “Papá voy a lo de Laura”, y en realidad está en lo de Pedro. En realidad uno no sabe dónde, ni con quien está.
3 - La homosexulidad no se elige, se SIENTE. Se siente como cuando una púber heterosexual ve a aquel hombrecito y por primera vez, un extraño escalofrío le recorre el cuerpo, o cuando un adolescente ve a aquella mujercita y otra vez un escalofrío aparece.
Quiero agregar dos elementos que estorban y en forma profunda, el desarrollo de la comprensión por parte de los padres ( lo digo yo, no aquella psicóloga):
1 - El patriarcado: esta forma social en la que el hombre es o cree ser el mandamás. Ese patriarcado convierte al hombre en un miope impedido de ver lo que sucede a su alrededor. Necesariamente, o nos compramos un grueso par de anteojos o seguimos yendo a la psicóloga.
2 - La iglesia católica: una institución que no sólo se arroga el derecho a decidir quienes son y quienes no son parte del rebaño de dios, sino que niega a los propio curas homosexuales, como si no existieran, y además tiene una capacidad de desarrollar el sentimiento de culpa hasta los confines mismos del ser humano. Esta educación que recibí, tuve que sacármela de encima para poder comprender la homosexualidad. Me ayudó un viaje a Alemania a mis 18 años y la experiencia compartida por otros papás.
Con el paso del tiempo por fin pudimos alegrarnos porque nuestro niño había podido decirnos quién era verdaderamente y salir de esa mentira en la que estábamos viviendo.
Como todo esto sucedió mientras él estaba de viaje en Brasil, en un intercambio académico, fue simplemente extrañarlo a más no poder, llorar en cuanto rincón encontraba y ACEPTARLO.
A su regreso, nada había cambiado, era el mismo hijo que amamos toda la vida y con el tiempo nos dimos cuenta que aceptarlo no era cuestión de decirlo, sino de sentirlo.
Y así por fin pudimos salir de aquel “closet de la ignorancia”.
Espero que le resulte útil a alguna mamá o papá.
Los dejamos con el histrionismo de nuestro hijo Lucas.
