martes, 6 de octubre de 2015

UNA HISTORIA EN HONOR A UNA FAMILIA “MUY NORMAL”

Publicado en mi muro de Facebook el 04-10-2015
Corría el año 1978, y un compañero del colegio me presentó un amigo tocayo. 
El padre de aquel tocayo es un hombre barbado con poca cara de amigos,
mas bien callado, pero que cuando lo demostraba tenía muy buen humor.
Aquél tocayo es el menor de tres hermanos que recientemente habían perdido a su 
madre de una enfermedad terminal. No la conocí pero se sentía su ausencia.
Entré a aquella casa con un miedo muy particular. Un amigo nuevo, 
una casa en la que jamás había entrado, y que profesaban la fe judía.
Provengo de familia de origen Sirio-Libanés,  católicos.
Los primeros días entraba a aquella casa con desconfianza. Me trataban 
“demasiado” bien.
La realidad es que yo nada sabía sobre religión, pero si sé, que estaba lleno de 
prejuicios.
Esa familia a la que todavía aún hoy frecuento, aunque de distinta manera que en aquella 
época, ya que hoy cada miembro tiene su profesión o actividad, me abrió su casa,
y el corazón de cada uno de sus miembros.
A ninguno le importaba si era católico, protestante o ateo.
Allí me cansé de ser invitado a almorzar, cenar, divertirme (no olvido las idas a esquiar 
al lago San Roque), y así descubrí que los judíos son GENTE NORMAL, COMO YO.
En esa casa eran bienvenidos los amigos de los amigos.
No era una casa, era un hogar, donde se imponía el compartir!!!!
Creo que a aquel barbado hombre sólo le preocupaba que los amigos de sus hijos, 
sean buenas personas.
Creo que sólo había una regla no escrita.
No importa la fe que te guíe en tu vida, sólo importa que seas buena persona.
Había días que aquella casa era un verdadero quilombo, pero de los lindos. Mucha gente 
joven divirtiéndose sanamente, y pasándola bien.
Aquel barbado hombre a quien admiro hasta el día de hoy, se casó con una prestigiosa 
profesional de la Ciudad de Córdoba. Fiel a su marido, cada vez que tuve algún problema
nunca dejó de ayudarme.
Como dice el refrán Dios (venga de la religión que venga) los cría y el viento los 
amontona. 
Es más, yo tenía “prioridad de paso” en su estudio, tal como siento que la tengo hoy. 
Hace muchos años, me llevó a mi casa después de ser atendido en el hospital de 
urgencias. 
Había tenido un accidente. 
Y allí estaba esa mujer dando explicaciones a mis padres, que me correspondía dar 
a mí. Se me caía la cara de vergüenza.
Creo que aquel hombre barbado, sus hijos y su mujer no saben todo lo que aprendí de 
ellos sin que nada me enseñaran. Tengo una ventaja. Tengo una alta capacidad de
observación y eso me permitió aprender lo bueno que hay en esa familia.
Siento al día de hoy la BONOMIA de aquel barbado hombre, SU CAPACIDAD 
PARA HABLAR CON SUS HIJOS, SU HONESTIDAD, y UNA CAPACIDAD
ILIMITADA PARA COMPARTIR y CONTAGIOSO.
Sigo en contacto con ellos.
Pero extraño aquel hogar, extraño aquel "loquero". Un lindo loquero.